Y para empezar... a por Lüzbel (y Stiglitz)

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Como esta noche tengo motivos para estar alegre, voy a volver a ganarme el apodo de "Carnicero feliz" despellejando vivo al diablo de Lüzbel, una tortura que se tiene bien ganada por su post explicativo de las crisis económicas y las soluciones que aplicaría... según Stiglitz. Prepárate... no hay anestesia en este fisking...

Cuando, hace un siglo, Upton Sinclair escribió su celebre novela La Selva, en la que describía todo aquello por lo que tenía que pasar una ternera, desde el establo hasta el matadero, para que el filete así producido llegara a la mesa del consumidor estadounidense, éste reaccionó con repulsión. Entonces, la industria cárnica recurrió al Gobierno para asegurar la salubridad de los alimentos, entendiendo que éste era el camino más corto para restaurar la confianza.

El Estado es como Dios: Una grotesca falacia de autoridad. Es curioso que se hable del proceso de la ternera. Si la gente se enterara de que leches como aquellas que están enriquecidas con Omega 3 son en realidad una leche mezclada con aceite de pescado, las ventas se hundirían. Y sin embargo, está demostrado que esa leche es excelente para la gente con problemas de colesterol. La gente, si le metes un bulo absolutamente exagerado y demagógico, se hecha a temblar. ¿Es necesario el Estado para salvaguardar nuestra seguridad? Resulta curioso que hayan tenido que ser individuos privados, sin ningún respaldo por parte del Estado, quienes hayan tenido que combatir contra productos que realmente son peligrosos (como, por ejemplo, el tabaco), han tenido que llevar a cabo muchos estudios... y demostrar que el producto X tiene efectos nocivos. También es cierto que entidades privadas son capaces de clavarnos unas trolas que, después, cuesta siglos quitar de la mente de la ciudadanía... pero la gente, sin estudios científicos, cree en el Estado por una falacia de autoridad. La única manera de tomar una decisión racional es mediante estos estudios científicos e independientes. Si la gente hace caso al Estado por ser el Estado, es una falacia.

"en el ámbito de la macroeconomía, de una u otra manera, el Gobierno siempre es el que termina recogiendo los platos rotos cuando las cosas no salen como debieran; del mismo modo, el contribuyente estadounidense fue quien terminó pagando los platos rotos de la desregulación bancaria rompió en las cajas de ahorro. Así pues, una mayor regulación redunda en la protección del país y sus contribuyentes contra tales riesgos."

Primer error. Si es el contribuyente estadounidense quien paga los platos rotos, el gobierno no recoge los platos. Lo único que hace es obligar al contribuyente a pagar un plato que él no ha roto. En segundo lugar, Stiglitz ignora el papel de la inflación, que la crea el Estado solito a base de imprimir dinero barato, bajando de manera contraproducente los préstamos de dinero a los bancos. Y en tercer lugar, la falta de libre comercio, tanto pasada como actual, no ayuda en absoluto a que las inversiones sean más rentables. Más bien, las regulaciones redundan en la inestabilidad del país y sus contribuyentes contra tales riesgos. Ciertamente, es un latazo explicar todas las razones, pero si alguien tiene alguna duda, para esto tengo los comentarios.

"Si bien el Gobierno tampoco está exento de padecer limitaciones de información, las cortapisas y los incentivos a que se enfrenta son de índole distinta. El Gobierno tiene un incentivo para mantener sus promesas: garantizar que los alimentos sean aptos para el consumo y que los bancos no asuman riesgos excesivos."

A ver si lo pillo: Si McDonalds hace unas hamburguesas que resultan ser absolutamente perjudiciales para la salud y esto se descubre, resulta que, no McDonalds, sino el gobierno, tiene un incentivo para hacer que lo sean... Claro, después llega un cachondo, hace un documental donde uno le coge absoluta repulsión a las hamburguesas... ¿y qué hace el Estado? Pues... sí... ya lo tengo: NADA. Con todas sus letras mayúsculas. Nada útil, quiero decir. Quien sí ha perdido mucho ha sido McDonalds, cuyas ventas se han desplomado a base de bien. Más aún, Burger King ha usado la campaña que usó el gobierno español contra sus productos para aprovecharlo en su beneficio.

Luego está el tema de los bancos. Si los bancos asumen excesivos riesgos, corren el peligro de desaparecer. Y yo entiendo "desaparecer" un riesgo.

El único que sale beneficiado de todas estas crisis económicas, a parte de unos cuantos caraduras, es el Estado. Cada vez que hay una crisis económica, normalmente por una subida irresponsable de impuestos, un proteccionismo económico, unos tipos de interés artificialmente bajos, un aumento desmesurado del gasto público, o un injustificable ataque a los derechos y libertades individuales, los grandes perjudicados son las empresas, las cuales pasan por enormes problemas, han de despedir gente... y, magia potagia, aparecen como "los malos". "El capitalismo salvaje", "el neoliberalismo feroz", "las frías máquinas"... y un montón de slóganes más han aparecido, aparecen y seguirán apareciendo para encubrir la desastrosa intervención estatal. No digo que cada una de estas medidas expliquen por sí solas todos los desastres económicos, tan bien es necesaria la intervención de caraduras que se aprovechen de todo esto: sindicatos, empresas, lobbies, grupos de presión en general... Pero hay una diferencia: si una empresa se corrompe, responde ante sus accionistas, trabajadores, proveedores y consumidores (aquí omito la crisis de confianza de otros accionistas y consumidores, algo que también se da y no es moco de pavo). Cuando el Estado se corrompe, responde toda la población. Y a esto hay que añadir los beneficios que pueda sacar el Estado de todo esto. Aunque sea de manera implícita, si le preguntamos a los políticos de cualquier partido (en algunos casos, podemos decir el 100%) sobre el papel de cada una de las partes, me juego un par de cervezas a que el 90% de las respuestas irán encaminadas hacia una mayor intervención estatal. El Estado, siendo una suma de elementos sin una conciencia común, es el máximo beneficiado.

Desde luego, el Estado, como mercado, adolece de una variedad de imperfecciones, que pueden conducir a “fracasos de Estado”, algo no menos molesto que los fracasos de mercado, y ése es el motivo por el que les conviene cooperar, complementarse, compensando debilidades mutuas y sumando fuerzas comunes.

Salvo en casos muy puntuales, el Estado no es complementario con el mercado. Más bien es su más fuerte contrario. El Estado puede tener sentido cuando establece marcos legales que garantizan los derechos de propiedad basados en la imparcialidad, sin solaparse con aquellos ámbitos a los que pueda llegar el mercado. En este caso, sí. En caso contrario, estorba.

De hecho, el Gobierno bien pudiera ser capaz de gestionar ciertos asuntos mejor incluso que el sector privado: la seguridad que presta el servicio público en los aeropuertos parece mejor que la privada; del mismo modo las pensiones garantizadas por el mismo sector público –la seguridad social- no sólo comportan unos costes de transacción incomparablemente más reducidos que sus correspondientes del sector privado, sino que además la prestación social percibida del sector público incluye un seguro contra riesgos inflacionistas que no figura en la oferta de ninguna empresa privada.”

No me cabe duda de que los aviones, con seguridad pública, resultan más (valga la redundancia) seguros... si te prohiben llevar botellas de agua de tu casa en los aviones y te obligan a quitarte hasta los pantalones... sí, no me cabe duda que el sector público funciona. ¿Pero a qué precio? Me sorprende que en las cuentas de costos y beneficios no se hagan referencias a los derechos y libertades de las personas. No estoy diciendo que si lo hiciera una empresa privada no estaría sucediendo lo mismo, pero que nos puedan hacer esto con el beneplácito legal... la verdad, algo de delito, tiene.

Y, finalmente, la Seguridad Social. Si cualquier empresa funcionara como lo hace la Seguridad Social, hablaríamos de estafa piramidal. Este hecho es sencillamente despreciado por Stiglitz. Y ahora, añadamos el ingrediente secreto: la escasa tasa de natalidad en los países occidentales. Al cabo de unos cuantos años, vamos a tener un montón de personas teniendo derecho a una pensión (a la que han cotizado durante muchísimos años) y muy pocas personas que se las paguen. Y lo que es peor: si hay un seguro contra riesgos inflacionistas, alguien tendrá que pagarlo... ¿Y quién será? Pues teniendo en cuenta que el Estado no podrá endeudarse mucho más y que va a haber poca gente a la que vaciar los bolsillos, va a tener que tirar... bien de deuda... que en el fondo es un impuesto... bien de darle a la maquinita de hacer billetes... lo cual es inflación... y por tanto un impuesto (al margen del empobrecimiento de la ciudadanía en general)... lo va a pagar Rita... La Cantaora. Dudo que, por muy elevados que sean los costos de transacción por medios privados, no compense la que se nos hecha encima.

Por cierto... hablamos de una mayor regulación estatal para evitar que se hagan hipotecas de alto riesgo... Pues qué curioso que haya tenido que dimitir el secretario de Estado de Vivienda de los Estados Unidos por ser investigado por un delito de... corrupción.

¿Seguimos confiando en el Estado, Lüzbel?

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4 Commentarios

Sinceramente, Manolo, me parece flojita tu contestación y llena de algunos argumentos que valen para una cosa y para la otra, como tú mismo reconoces en el tema de las trolas.

Si esto es mucho más sencillo, geógrafo. Si alguien se corrompe o mete la pata... al menos, no con mi dinero.

Si quieres, lo que puedo hacer es meter unos 10 links más... para que quede más bonito...

Lüzbel dijo:

Ya tengo escrita la respuesta...para mañana a mediodía como máximo la posteo.

Ah, y un honor ser el protagonista (¡glups!) de la entrada 1001, señor carnicero...

En realidad... creo que es la 1005... No te lo tomes a mal...

Sobre esta entrada

Esta página contiene una sola entrada realizada por Manolo Millón y publicada el 2 de Abril 2008 1:28 AM.

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