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Supongo que, diga lo que diga, no aportaré mucha más información de la que ya lo han hecho otros colegas de Red Liberal o Hispalibertas sobre la última cafrada de los psicópatas de ETA... Como de un hatajo de criminales sin escrúpulos no espero nada, ni me molestaré. Ahora bien, al presidente del gobierno sí le pago el salario con mi dinero, así que me centraré en su papel.

Sería una grotesca demagogia afirmar que Zapatero tiene la culpa del atentado de Barajas, aunque sea en una millonésima parte. En lo que sí tiene responsabilidad es en la fractura de la sociedad española para tener claro que con los etarras sólo vale la acción policial, como cualquier otro grupo criminal.

Resaltemos lo obvio: No existe una diferencia significativa entre una mafia de Nueva York dedicada al secuestro, el chantaje y el asesinato y ETA. ¿Alguien se imagina negociar con una mafia así una tregua o que dejen de hacer lo único que saben hacer, cambio de algo, por muy frecuentes que resulten sus actividades y muy aterrorizada que tenga a la población? Algunos podrán pensar en que ETA se trata de una banda que tiene una serie de ideales morales y políticos que no tienen nada que ver con los fines de una mafia, pero este razonamiento carece de fundamento. En lo que se refiere a la coacción de la libertad llevado a tales extremos, da igual si la excusa es opresión del barrio, dinero, aburrimiento, búsqueda de alternativas a la miseria o enfermedad mental. La solución es sencilla: policía, policía y más policía. Hasta aquí, todos de acuerdo.

A estas alturas, no existe justificación para el terrorismo vasco. Con Franco podía haber "un pase", mas ahora se han convertido en una parodia anacrónica de catetos de pueblo del que todo el mundo se reiría si no estuvieran armados de dinamita hasta los dientes. ¿Qué demonios habría que negociar con semejante panda de cretinos intelectuales? Pues de lo mismo que si se tratara de una mafia de rumanos... De nada. Yo no me imagino a nadie, y menos a un presidente del gobierno, discutir una solución a un "conflicto" basado en que hay gente que le quema la casa otra, pega tiros en la nuca, extorsiona y pone bombas y la sociedad entera quiere que eso deje de pasar. Eso, si el Estado quiere ejercer para aquello mínimo que debería prestar esfuerzos en una democracia moderna.

Resulta lamentable escuchar a ciertas personas decir que Aznar hizo bien al negociar con ETA o incluso que había que negociar incluso si seguían matando (las contertulias de Gemma Nierga dan para mucho). ¿Qué demonios? Aznar hizo muy mal al intentar negociar (sin olvidarnos de las concesiones), como hicieron igual de mal todos sus predecesores en el cargo e igual de mal que Zapatero. Todos hicieron mal porque se equivocaron al evaluar al objetivo: ETA no es una banda de románticos capaz de reconocer errores y de adaptarse a las circunstancias: Desde un punto de vista estrictamente intelectual, ETA es sólo un cúmulo de contradicciones ideológicas y morales cuya única esperanza de supervivencia es el eterno combate con su enemigo, sin mirar nada más. Cualquier cosa que no sea eso sería decir: "Señores: hemos hecho el payaso durante 25 años para nada", y eso no le gusta a nadie. No hay salidas honrosas para ello. Y como la independencia tampoco lo va a conseguir por la vía de las armas, sólo les queda rezar para que llegue un chiflado al poder al que se le ocurra una trastada y encontrar su voz reflejada en el sentir de la gente afectada. Y esto no va a cambiar. Ha tenido que ser el PP, de un modo también bastante hipócrita, quien ha puesto el dedo en la yaga. El papel más coherente habría sido decir: "Nosotros lo intentamos y nos la comimos: no sean tan idiotas como nosotros." Tal y como están las cosas, creo que eso sería pedir demasiada altura política a Rajoy.

Pero vayamos a Zapatero... Su talante, sus ansias infinitas de paz y demás tonterías propagandísticas que eparrita como si cantara "El Mesías" de Haendel en un ensayo de coro han conseguido dividir a la sociedad española acerca de cómo acabar con una mafia, un cómo que ya se creía claro desde la negociación autorizada por Aznar y que él mismo puso en marcha con mucho éxito. Ahora la pregunta es: ¿"Leña al mono que es de goma" o "leña al mono hasta que volvamos a poder negociar"? Con la primera no nos fue mal, y para lo único que han servido las negociaciones es para darle un respiro a la banda y que esta aprovechara para rearmarse. El error de Zapatero ha sido no aprender de Aznar. Creyó que ETA no volvería a hacer el ganso tras la masacre del 11-M, y ha quedado tan en ridículo como su predecesor.

Zapatero tendría que detener a medio grupo terrorista, cosa más que improbable habida cuenta de la destrucción llevada a cabo y que lamentablemente no ha podido ser evitada. Así que no le queda más que aceptar que se ha equivocado, que sus buenas intenciones no han servido para nada más que para favorecer al enemigo y que se va a tener que volver a aliarse con el PP para tratar de machacar todavía más a ETA. Pero más importante que este hipotético encuentro, creo que es que las personas que componen esa cosa infalsable llamada sociedad se den cuenta de una vez por todas que la única posibilidad que hay para defender su libertad individual es responder con los mecanismos que ella misma se otorga y considera legales, no discutir el precio con el cual se la deja en paz.

31 Dic 06 @ 03:27 AM | 11 comentarios | Farlopundit

No es una buena noticia la que llega desde Venezuela de que pretenda unificar a todos los partidos de izquierda en uno solo. Si al final se produce la creación de tal partido socialista que una todas las voces de la izquierda, los riesgos que se generan serían dos, y ninguno de ellos positivo.

El primero de ellos es que no va a existir la posibilidad de que la gente pueda recurrir a otros partidos de izquierda en el caso de que el desprestigio de Chávez comience a debilitarse. Las escisiones sólo se producirían en momentos críticos. La idea de Chávez es aumentar su poder controlando a aquellos que pudieran hacerle una oposición más cercana. Es cierto que, cuantitativamente, el resto de grupos carece de peso pero, cualitativamente, impide la posibilidad de la pluralidad de ideas en la izquierda. El que quiera salir en la foto no podrá moverse.

Y el segundo es que la derecha puede quedar todavía más marginada. Si deja de existir la posibilidad de una izquierda más sensata, menos "revolucionaria" y que tenga en cuenta la importancia de valores como la libertad económica e individual, Chávez lo tendrá mucho más fácil para tildar a la derecha de neoliberal, servil a Bush y toda la retahila de mediocridades intelectuales a las que nos tiene acostumbrados. Muy probablemente, esto podría derivar en una maniobra similar por parte de la derecha pero, si quiere tener el poder, ha de existir la posibilidad de un salto previo. La única posibilidad que le queda para poder tener el poder es que la propia derecha se convierta en una izquierda socialdemócrata.

De fondo, el sistema democrático y la libertad económica del país.

23 Dic 06 @ 07:49 PM | 0 comentarios | Iberoamérica

Mitos de los mitos de la soberanía del consumidor

Uno de los temas que más me han interesado últimamente ha sido la cuestión acerca de la soberanía del consumidor. Y lo ha hecho porque en realidad el tema que aborda está íntimamente relacionado con la cuestión del aprendizaje.

Últimamente he llegado a tener polémicas muy estimulantes con amigos del "otro bando" como Alberto Garzón (véase ésto, ésto, ésto o ésto). En varias ocasiones, Alberto comentaba cuestionaba la soberanía del consumidor afirmando (entre otras cosas) que todos tenemos necesidades de muy diverso ámbito y que el modo en que las resolvíamos estaba condicionado hacia conductas consumistas... Añadía que todo el mundo tenía necesidades. A mi entender, el problema de su argumento era que no tenía una teoría del aprendizaje capaz de sostener tal punto de vista. ¿Por qué siempre me remito a la cuestión del aprendizaje? Porque, en el fondo, de lo que están hablando es de cómo la mente procesa una serie de estímulos y lo convierte en unas respuestas. Y sin un marco lo suficientemente sólido, no podemos pretender que teorías que emanen de ellas sean sólidas. Es algo así como pretender hacer ecuaciones de sexto grado sin conocer lo que representan los números y signos, sumar o restar. O dicho de otro modo, como un edificio: si los cimientos no son sólidos, la estructura final se desploma. Digo esto porque no se puede afirmar que un problema sea sociológico cuando estamos discutiendo desde un orden psicológico.

Recientemente, José Rodríguez, de Socialdemocracia.org, ha cuestionado nuevamente la idea de la soberanía del consumidor. La única diferencia significativa que he encontrado en comparación con los razonamientos de Alberto Garzón es que, en los comentarios, comenta que sí existen escuelas que tienen en cuenta conceptos como los del aprendizaje y el procesamiento de información para desarrollar teorías más sólidas. Además, tiene el detalle de dar una lista con muchos artículos sobre la cuestión.

No obstante, y aunque en última instancia el objetivo sea justificar un recorte de libertades, me centraré en las razones que desde la disciplina de la psicología se pueden tener para defender esta idea.

Cuando hablamos de soberanía del consumidor, en realidad estamos hablando de soberanía de la persona sobre sí misma frente a los estímulos que le rodean y hasta qué punto es manipulable por otros. Es decir, cómo desde el exterior pueden plantearnos unos estímulos a partir de los cuales se dan las respuestas deseadas por otras personas. Cómo no, el ejemplo de la publicidad y el mercado son el ejemplo que más se ha utilizado desde ciertos sectores políticos. El debate del aprendizaje siempre ha estado de fondo, aunque de modo implícito.

Hasta ahora, la polémica más agria se centraba en discutir si los innatistas (es decir, quienes defendían el peso de la genética en el aprendizaje) eran, literalmente, unos nazis o no. La influencia de la publicidad es una derivada de la cuestión. La publicidad, a fin de cuentas, es sólo un estímulo que pretende que la persona de una respuesta concreta. Que es lo que pretende hacer cualquier acto de comunicación. Afortunadamente, los ánimos se han calmado bastante, pero estamos muy lejos de poder dar una respuesta real a la cuestión del aprendizaje. Hoy por hoy, sería muy aventurado afirmar que hemos descubierto cómo funciona la mente en su totalidad para cuestiones muy importantes (pregunten a Steven Pinker o a Jerry Fodor al respecto), aunque se haya avanzado mucho en este tiempo. Ahora bien, de ahí a decir que...

[La sociología] "esté tan de acuerdo con las principales corrientes de tu propia disciplina y fundamentadas en ellas"...

Pues como que no. No es cierto. Por desgracia, la psicología no ha avanzado lo suficiente como para sostener teorías como las defendidas por la hermenéutica, la escuela de Frankfurt y la canadiense. Supone una extraordinaria arrogancia presuponer la respuesta sin estar seguro. Y en la psicología, nadie lo está. Y los que lo están, reconocen que no tienen pruebas suficientes. Entre otras razones, porque decirlo es algo así como ponerse un cartel en el que se puede leer: "Acribíllame y ríete después, por favor". Y si no lo podemos estar los psicólogos, dudo que puedan estarlo los sociólogos.

Voy a poner el siguiente caso como ejemplo ilustrativo: el aprendizaje escolar. ¿Sujetos? Niños. Claramente influenciables socialmente... Podría resultar muy fácil enseñarles valores y conductas, por no hablar de conocimientos, lo que daría lugar a una simplicación en las teorías, las cuales sólo discutirían por matices... Pues no. Debe haber como unas siete u ocho teorías (Ross, Torgesen, Vellutino y un generoso etcétera...) donde todas ellas se tiran los trastos a la cabeza con posiciones totalmente opuestas o a medias.

Esto no quiere decir que se haga publicidad para niños ni que sean inmunes a la misma, porque no lo son (de hecho, si hay que tener cuidado con la publicidad con alguien y donde el artículo de José Rodríguez tiene algo de sentido, es con los niños de menor edad). Pero de ahí a predeterminar qué quiere un niño sin tener en cuenta todas sus variables internas, va un mundo. Como he trabajado vendiendo juguetes durante una campaña de navidad, sé que la variedad es elevadísima y que hay niños que quieren saciar una serie de necesidades y no otras. Hay niños que quieren un balón, otros el coche de Fernando Alonso, otros el kit espía con microscopio incorporado, otras las princesitas de Disney y otros el Risk. También podemos mirar en la sección de videojuegos para Play Station, a ver si no hay variedad...

Y ahora, pasemos a los adultos. Para estos, igual que para los niños, un estímulo puede producir en ellos respustas diferentes. ¿Por qué? Por el modo en que procesamos la información. Y, como en el caso anterior, todo el mundo se tira los trastos a la cabeza. Actualmente, el paradigma más puntero es el que trabaja con modelos neuronales del comportamiento y simulaciones informáticas que tratan de replicar el funcionamiento del cerebro y el procesamiento de información. Aquí la batalla es campal. Y es lo suficientemente campal como para que no se pueda afirmar que "hay estrategias destinadas simple y llánamente para generarnos nuevas necesidades y que vienen dictadas desde los productores" o que [los anuncios] "transforman una necesidad "genérica", en muchos casos brumosa, e incluso cubierta a rasgos generales, en una necesidad imperiosa, focalizan nuestra atención en ella y le hacen que la valoremos con mas fuerza de la que nosotros le estamos dando, a parte de decir que el producto o servicio que publicitan nos la cubrirá " y que "afecta diréctamente a la categorización de nuestras necesidades, nos focaliza y pone en valor unas sobre otras para hacernos consumir un producto"...Que nos expliquen cómo se hace, por favor.

No sólo eso. Además, el artículo de José Rodríguez plantea mal el problema cuando valora qué influencia pueden tener el marketing y la publicidad. Suponer que la publicidad es capaz de cuestionar la soberanía del consumidor (con todo lo que ello implica) es sobrevalorar su efecto real y cuestionar, no ya la capacidad de aprendizaje del ser humano en sí, sino la ubicuación del ser humano como miembro del reino animal. Eso, siempre pensando que el problema ha sido bien enfocado por el hecho de que no tiene en cuenta la naturaleza del producto que se anuncia o la del mercado.

Decía que cuestionaba la capacidad de aprendizaje porque parece mentira que no se dé cuenta de que a la gente nos gusten unas cosas más que otras, que se compare y se busquen aquellas cosas que más puedan beneficiarnos: Va contra los principios más elementales del conductismo pavloviano y skinneriano. Refuerzos y castigos positivos y negativos. Dado que está tan al alcance de la mano, no me molestaré en poner líneas y líneas de referencias a artículos que reflejan lo obvio... que si no nos gusta algo, lo rechazamos, y que si nos gusta algo, podemos desearlo más. Igualmente, no nos gusta que nos quiten lo que nos gusta, pero nos encanta que se vaya aquello que nos molesta. Esto, hoy por hoy, no se cuestiona ni en animales ni en hombres.

No es lo mismo un coche (que puede tener una duración de 8 años de media) o una casa que un artículo de maquillaje, un cartón de leche, unas chuletas de cerdo, una cama, un libro... Todas estos bienes tienen una naturaleza determinada, capaces de ofrecer algo que interese a las personas. Esta ingente cantidad de bienes y servicios generan en el ser humano una serie de respuestas que, resumiendo de mala manera, se traducirían en positivo y negativo, teniendo en cuenta que unos lo son más y otros menos.

Asímismo, de cómo la gente percibe las cualidades del producto dependerá que, a largo plazo, las empresas sobrevivan o no. Las características del bien darán lugar a modos de venta y de publicidades determinadas. Habrá productos que se consuman en el momento y otros bienes y servicios que deban durar más tiempo y donde la posibilidad de cambio es menor. En ambos casos, si el servicio prestado no cumple las expectativas creadas en el cliente, el negocio no durará. En un caso, porque rápidamente se recurrirá a la competencia. En otro, porque la voz de un mal servicio se correrá y habrá menos gente que caiga en el mal producto.

Supongamos que una persona tiene una necesidad de "buena imagen" y ve un anuncio en la tele un anuncio que le ofrece solucionar su problema con un gel fijador X para el pelo. La persona puede probar una vez y ver qué tal le funciona. Si va bien, repetirá, pero si no funciona, buscará otra cosa. ¿Y para qué habrá servido la publicidad en este caso? Para nada. ¿Por qué? Porque la persona ha aprendido que el estímulo "gel fijador X" no sirve para satisfacer la necesidad "buena imagen". No hay mejor publicidad para un producto que sus propias cualidades.

Para que un producto sea capaz de llegar a hacer lo que afirma Rodríguez tiene que ser muy bueno. Es decir, que realmente sea capaz de saciar esta necesidad. Si no lo es, ese producto dejará de ser comprado (o se correrá la voz de que es inútil para satisfacer tal fin) y la empresa tendrá que mejorar, dedicarse a otra cosa o cerrar. Este es el resultado de la percepción de las consecuencias de un bien... basándonos en el conductismo de toda la vida. Y para esto sí nos dan los avances que se han hecho desde la psicología.

Dicho de otro modo: Que yo sepa, no hay narices de demostrar que si el "intervalo de expectativas de satisfacción creadas por el anuncio" no coincide y está por encima del "intervalo satisfacción de experiencias resultantes de probar el producto", las expectativas creadas sean capaces de modificar la satisfacción del sujeto a su favor. Esto requiere una puntualización: tras una primera experiencia, en el caso de que coincidieran ambos intervalos, la confianza que tenga la persona en el producto se centrará en aquellas áreas donde el resultado de la experiencia haya coincidido con las expectativas. Ello no quiere decir que la persona no pueda generalizar y utilizar ese bien para otras necesidades, pero en tal caso se repetiría el proceso descrito inicialmente. Esos son los límites del marketing y de la publicidad.

Las contradicciones saltan a la vista cuando, por un lado, afirma que...

"... no quiero decir que del hombre libre que decide cuales son sus prioridades y necesidades pasemos a un modelo del autómata que responde a los impulsos de la publicidad como un ser pasivo"
... y por otro, que...
[la publicidad] "afecta diréctamente a la categorización de nuestras necesidades, nos focaliza y pone en valor unas sobre otras para hacernos consumir un producto".
¿En qué quedamos? O afecta hasta tal punto y, para que sea realmente significativo y se pueda diferenciar de las circunstancias normales de la vida siendo su modo de actuación una modificación de las necesidades frente al cual la persona no tiene ninguna esperanza (y entre eso y el autómata no hay diferencia)... o cualquier mensaje publicitario tiene una capacidad de influencia limitada que puede ser contrarrestada por la propia persona en el caso de que pudiera ser negativa para sus intereses. Y, lamentablemente, no hay término medio en el que poder intentar refugiarse. ¿Qué dice la psicología? Pues que el hombre puede ser persuadido, pero no hasta tal nivel. Siempre hay un margen de decisión que hace a las personas capaces de limitar la influencia de estímulos que nos rodean (salvo en el caso de que afecten materialmente las conexiones neuronales, como las drogas). Intentaré poner un par de ejemplos que ilustren la situación. Si mi madre me dice que apague la luz, no es "porque sí", sino para que apague la luz. Si mi novia y mis amantes me dicen que soy adorable, tampoco es porque sí. Y si mi madre me dice cinco o seis veces que apague la luz y, si no, me da un "palocañazo", o mi novia y mis amantes me repiten cinco o seis veces que soy adorable y me lo demuestran como estimen oportuno (entendido en sentido amplio), es por algo. Toda comunicación que llevamos a cabo es por algo, y supone como toda información una influencia hacia otra persona. La publicidad es lo mismo, solo que con mala prensa y menos efectivo que los dos casos anteriores. Visto así, cuestionar la publicidad y no cuestionar cualquier la mayoría de actos comunicativos de la vida responde más a la arbitrariedad ideológica que otras razones, salvo que esas razones incluyan la planificación total del comportamiento humano por ineficiente, cosa que dudo.

Y siendo así, ¿como es que las empresas se gastan tanta pasta en publicidad? Porque lo más importante es que la gente conozca el producto. En eso es en lo que se gastan la pasta. Lógicamente, quieren que su producto sea asociado a algo bueno, que tenga en cuenta cuestiones culturales... pero este intento de asociación no es tan potente como para modificar una respuesta, no digamos una respuesta tras una experiencia. Aquí hay varias variables que influyen (véase el experto, el famoso, la urgencia... etc)... pero lo más caro que tiene la publicidad es la repetición. Una variable bien estudiada, por cierto. Ver un anuncio siete veces quiere decir que existen más probabilidades de recordar el nombre de un producto X cuando, por ejemplo, está en el supermercado, y existe una diferencia muy significativa en las ventas de un producto anunciado por televisión que de un producto que no lo es. Sin embargo, las grandes campañas publicitarias no han podido evitar los batacazos más grotescos. Sólo hay que ver cuántas películas han caído en la indiferencia, muy a pesar de los inmensos derroches publicitarios de sus productores. Si el producto es malo, da igual quién lo anuncie. Que le pregunten a Rosa, la Triunfito. La publicidad da la oportunidad de probar el producto, no prepara respuestas para después de probarlo.

El caso de la publicidad de guerra es muy particular. En este caso, estamos hablando de una amenaza, no ya para nuestra vida, sino para nuestra familia y el entorno que nos rodea. Este caso no es comparable a la venta de unos filetes o a la compra de un coche por una razón muy sencilla: no estamos hablando de estímulos iguales o que posean una naturaleza similar. Y, como ya se ha dicho, el hecho de que se venda de que la guerra va bien no quiere decir que la gente esté ciega o que no se de cuenta de otras consecuencias negativas que está teniendo en el país (véase porqué la gente del Partido Republicano dejó de votar a Bush). También podemos verlo desde otro punto de vista: a pesar de la propaganda mediática del gobierno y sus medios afines, más del 90% de la población española estaba en contra de la Guerra de Irak, por lo que o bien los propagandistas del PP fueron mejores... o los del PSOE y sus medios afines mejores a la hora de embaucar a la sociedad para que no apoyase la guerra de Irak.

Y ahora, pasemos a lo personal. Resulta lamentable que a estas alturas venga alguien a cuestionar mi honestidad intelectual. La mía o la de cualqiuera... pero la mía más, que para eso soy yo. Da la casualidad de que yo he sido de los primeros de la Red en oponerme a la guerra de Irak, cuestionar el papel de la Iglesia, romper una lanza en favor de Pilar Manjón o no tragarme esa teoría conspiranoica del 11-M, por poner algunos ejemplos. Y lo hice por mi conciencia y mi honestidad intelectual. Del mismo modo que aprendí a replantear mis ideas cuando percibí los errores en mis razonamientos. Estoy curtido ya en demasiadas batallas como para que vengas a cuestionarme por DUDAR de lo que me dices, más aún cuando cuento con argumentos razonables. Puedo estar equivocado, ser libre y honesto no se discute. Yo tampoco cuestiono tu honestidad intelectual, a pesar de que esté basada en el establecimiento de relaciones no voluntarias y coactivas por una de las partes y ello me parezca aberrante por muy buenas intenciones que tengas. Más aún cuando eres incapaz de abordar los problemas con un mínimo de solidez o cuando las bases de aquello que defiendes están todavía demasiado verdes para poder darte la razón. Y más todavía cuando generalizas sobre temas en los cuales yo no había entrado (soy psicólogo, me interesa lo de mi campo, no había entrado en la cuestión económica porque tampoco soy un experto en la materia). Por no hablar del discurso contradictorio.

Lo único que tienes es que el marketing afecta a las ventas de un modo positivo, cosa que nadie ha negado, pero lo que sí se cuestionan son los mecanismos por los cuales la publicidad consigue tal efecto y el grado en el cual la voluntad de la persona queda persuadida de comprar un producto y no otro. La única a la que puedes agarrarte respecto a la publicidad y en la cual sí podría darte la razón es en la repetición del estímulo. Pero este queda desautorizado como argumento si, a largo plazo, la respuesta que se produce tras probar el producto es negativa, algo que sí está demostrado empíricamente (creo que desde los tiempos de los perros de Pavlov, aunque nos podemos ir a los conductistas americanos).

Lo divertido es que afirmes que sólo los ultraliberales dicen que el mercado es perfecto y que asigna eficientemente los recursos... Esta bobada no se la he oído a nadie (te agradecería la fuente, aunque procura que esta vez no sea tan aleatoria como en tu defensa de las escuelas sociológicas), ni siquiera a un anarquista austriaco como Jesús Huerta de Soto. Lo que sí se dice es que a la larga puede asignar los recursos que bajo la intervención del Estado, cosa que tampoco es ningún disparate. Y no es ningún disparate porque a la larga implica el factor tiempo, actúa la variable "aprendizaje" y los recursos se asignan a aquellos que mejor sirvan a las necesidades. La ineficacia en el mercado que puede provocar una campaña publicitaria es mucho menor que la que puede provocar la intervención del Estado, y el Estado sí es coactivo, así como sus repercusiones son mucho peores. Más aún, lo bueno del mercado para cualquier liberal es que es imperfecto (¿cuántos palos le habrán caído a Walras por ello?): son precisamente los socialdemócratas aquellos que pretenden mejorar las imperfecciones del mercado por la vía del Estado. Para los liberales, es su imperfección lo que da margen a la mejora. Y eso, en otras palabras, quiere decir que no conoces lo que estás criticando.

Por otro lado, citas una serie artículos que tratan de justificar la capacidad del marketing y la falsabilidad de varias escuelas. Creo que es mejor dividir por partes, para que veas lo que aportas...

La publicidad influye: Toda esa lista que aparece "aleatoriamente" de la base de datos Emerald no dicen absolutamente nada nuevo. No hablan de cómo influye, sólo que lo hace (y no niego que lo hagan, lo que cuestiono es si la libertad de elección y la respuesta tras probar el producto quedan limitadas)... excepto dos. Uno de ellos habla de lo que a la gente le importa a un producto (nada nuevo bajo el sol) y otro habla de los consumos de carne en niños de 10 años, estudio no generalizable a mayores. El copypaste te habría salido mejor si te hubieras ceñido a lo que yo me decía y no te ibas por los cerros de Úbeda con cosas que no cuestionaba.

Falsabilidad de la Escuela de Frankfurt: Yo pensaba que me ibas a salir con modelos de simulación con redes sociales... De hecho, Hazelhurst y Hutchins tienen una muy divertida en la que una serie de "sujetos robóticos" crean un lenguaje suficiente para llevar a cabo una tarea... de la nada. Esto puede ser considerado una suerte... ahora tienen la oportunidad de poder ser falsadas. Hablo de algunas de las de Habermas... no las de Marcuse, Adorno y el resto de colegas francofurteses, barbaridades y tonterías por las que nunca se les dará una colleja y se les llamará "cretinos" con un gesto de desdén.

Del primer artículo, su resumen dice que... "using the critical social theory of Jurgen Habermas, discusses the development of an information system in mental health. Using critical ethnography, reveals otherwise hidden agendas, power and managerial assumptions to be deeply embedded in the project". Se discute el desarrollo de un sistema de información... ¿en/para la salud mental?

El segundo afirma que... "Based on the work of Jurgen Habermas, language and communication and ways to move from words to communicative action in the business environment are discussed. Information is not the basis of communication. Rather, it is language and understanding". Esto sólo serviría para empresas, no para el resto de casos de la vida cotidiana.

Y el tercero, "It is argued that the body of work of these scholars has a strong contemporary relevance to issues in the management of change in organizations"... Sólo para empresas.

Y es una pena, porque yo esperaba que se enlazara algo relacionado con el tema (algo así como "la publicidad nos hace idiotas" o "el capitalismo limitan el pensamiento y la diversidad cultural") que fuera falsable... No lo hay. A eso me refería.

Falsabilidad de la hermenéutica: Estos molan algo más, aunque no quiera decir que hayan sido capaces de avanzar hasta los niveles que se requieren para sostener tal peso de la publicidad (especialmente en lo que se refiere a mapas cognitivos, donde siguen habiendo puñaladas diarias) en la conducta sin que no pueda aplicarse una efectiva Navaja de Occam. Nótese que en el artículo que se referencia el hallazgo es el siguiente:

The findings in the empirical study support the view that decision processes are prospective, introspective, and retrospective, sporadically rational, ultimately affective, and altogether imaginatively unbounded.

En resumen, uno de esos maravillosos artículos descriptivos que no dicen nada nuevo más allá de lo obvio y que no son capaces de profundizar. Aunque en realidad sí dice algo: que no tiene pruebas capaces de justificar que la publicidad tenga semejante capacidad de influencia por la simple razón de que no sabe cómo se adoptan las decisiones.

Falsabilidad de la escuela canadiense. Necesitaría mejores artículos. Los que se citan no hablan de procesamiento de información y, por lo tanto, me permiten profundizar poco.

Lo bueno de "La Tabla Rasa" de Pinker es que, aparte de ser muy sensato, evoluciona muy bien desde el individuo hasta lo social. Pero, claro, tú ya lo sabías...

Cuestionarte a tí no es cuestionar a los científicos. Es cuestionarte a tí, así que deja de eregirte como si fueses el gran representante de la autoridad científica. No porque no tengas cualidades para ello, sino para que te ahorres la falacia de autoridad. Los científicos siguen tirándose los trastos a la cabeza en muchísimas materias, por muchas tendencias generales que haya y por mucho que se haya avanzado. Sólo tienes que ver cuántos firmaron un documento en favor del aumento salario mínimo en Estados Unidos y cuántos se negaron para decirme si después hay unanimidad o algo parecido al consenso en esa materia.

Yo no soy austriaco, sino neoinstitucionalista. Y por mucho que me guste Thorstein Veblen (para según qué cosas), afirmó en sus tiempos muchas cosas que hoy por hoy siguen sin poder ser falsables. Y por mucho que me gusten, no las puedo afirmar y pensar que tengo el suficiente respaldo empírico. No, sin ser intelectualmente honesto. Con esto, lo único que demuestras es ser tan fanático como aquellos que más se aproximan a tu idea de personas que desprestigian el liberalismo con su intransigencia y fanatismo. La diferencia entre ellos y tú está en que ellos no pretenden coaccionar la libertad de nadie... y tú sí.

21 Dic 06 @ 02:19 AM | 16 comentarios | Ciencia, Ciencia Política, Economía, Psicología

Que se joda. Lo único que lamento es que no le aplicaran la décima parte de su propia medicina.

Y no tengo más que decir.

12 Dic 06 @ 09:43 AM | 14 comentarios | Iberoamérica

Me hago eco de la especulación que hace Freelance sobre la salud de Fidel Castro. Personalmente, creo que ya está muerto. Sólo así pueden entenderse los contactos de su hermano Raul con Estados Unidos para negociar (¿qué se puede negociar a estas alturas con Estados Unidos? ¿El famoso embargo, tal vez?) y que nadie le pegue un tirón de orejas. Ahora mismo, la noticia sería que apareciese Fidel Castro y callara todos los rumores sobre su estado de salud.

Casualmente, esta negociación ya ha sido rechazada por los Estados Unidos, y creo que con bastante sensatez, por lo que ha podido decir el portavoz Sean McCormack:

"No veo cómo un diálogo podría avanzar la causa de la democracia en ese país cuando se tiene un dictador a la espera que desea continuar la forma de gobierno que ha mantenido oprimido al pueblo cubano durante todas estas décadas".

La posibilidad que he escuchado esta mañana en la SER (no recuerdo quién lo dijo concretamente) resulta mucho más curioso. Parece ser que Cuba querría seguir el camino de China, esto es: seguiría siendo una dictadura atroz en lo que se refiere a libertades individuales pero potenciaría la libertad económica, a través de la cual trataría de desarrollarse.

Ahora mismo, y siempre y cuando Fidel Castro se haya muerto de una puñetera vez, sólo se me pasan por la cabeza tres posibilidades. La primera es que todo siga como está, es decir, pensando todavía en términos de Guerra Fría y de planificación de la economía. La segunda es que se produzca un periodo de transición en el que finalmente se llegue a la democracia. Y la tercera, un término medio, sería la idea del tertuliano de la SER.

Dadas las circunstancias, el hecho de que Cuba imitase a China en lo que se refiere a políticas económicas ya es un paso muy significativo y que casi al 100% supondrá mejoras para los cubanos. Lo de que Cuba se convierta en una democracia... eso es más difícil. El poder es una droga muy adictiva. Pero también lo es la libertad, y aunque sea económica, por algún lado hay que empezar.

Última reflexión. Si esta transición al capitalismo se confirma, esto supondría la tácita aceptación del socialismo y el marxismo como teorías económicas erroneas. ¿Cuántas rectificaciones podremos leer?

5 Dic 06 @ 01:51 PM | 9 comentarios | Iberoamérica