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Gregorio Cristóbal Carle, sobre la reforma agraria boliviana:

El nuevo, que no novedoso proyecto, busca poner a trabajar las propiedades ociosas, creando así una red de pequeños empresarios eficientes que sean capaces de vender su producción tanto en Bolivia como en los mercados exteriores. Si nos remitimos a lo acontecido tras la revolución de 1953, los antecedentes no apuntan nada bueno.

En la primera fase de la reforma la administración correspondiente debe estudiar las condiciones de explotación de las tierras productivas, determinando cuales se encuentran infrautilizadas para incluirlas posteriormente en el proceso de transmisión a los campesinos no propietarios.

En este caso cabe preguntarse… ¿son objetivos los criterios de valoración utilizados?... las calificaciones ¿pueden generar actitudes y decisiones arbitrarias? ¿qué sucedería en el caso de que una vez entregadas a sus nuevos propietarios éstas no alcanzaran los niveles de rentabilidad previstos? ¿revertirían a sus antiguos dueños?

Posteriormente se produce la transmisión de titularidades a los agricultores seleccionados previamente. En este periodo las dudas planteadas son muchas, entre las más relevantes se podrían apuntar las siguientes: ¿cuál va a ser el modelo expropiatorio? ¿generaría esta situación inseguridad jurídica? ¿cómo se escogen los beneficiarios? ¿plantea dicha transmisión la indemnización de los propietarios afectados? ¿cómo se valoraría ésta?. Dado que un porcentaje importante de dueños de predios son extranjeros ¿afectaría el proceso a la inversión de capital no foráneo en el agro boliviano? ¿ y en otros sectores de la economía?. Finalmente, ¿podría reproducirse la situación vivida en Brasil con las invasiones de tierras?

En una tercera fase, ya con los campesinos como propietarios de los predios, surgen las sombras que han atizado las distintas reformas agrarias llevadas a cabo a lo largo de la historia latinoamericana. La explotación de la tierra requiere, entre otros factores, de inversión en tecnología, asistencia técnica y lo que es más importante, de conocimientos sobre los procesos de comercialización y exportación de los productos obtenidos.

¿Podrán los nuevos propietarios de la tierra tejer la red de ventas necesaria para dar salida a sus productos?

Para avalar el correcto funcionamiento de la reforma es necesario contar con un sistema financiero creado "ad hoc" para la concesión de créditos y préstamos en condiciones especiales, unas instituciones oficiales dedicadas a fomentar la salida de los productos agrarios al exterior y una política fiscal adecuada a la situación real del campesinado.... ¿Puede el gobierno hacer frente al nuevo capítulo de inversiones?

Tampoco está nada mal el análisis del Departamento de Desarrollo Sostenible de la Fao sobre el tema. Tienen unos párrafos excelentes para analizar:

La exención de impuestos de que goza el pequeño propietario incentivará la ineficiencia. La ley INRA da un tratamiento impositivo desigual a la propiedad mediana y grande respecto de la pequeña propiedad campesina e indígena: esta última no pagará impuestos.

Si bien la exención de impuestos puede ser el reconocimiento de una situación de pobreza, esta franquicia es un error:

* el pago de un impuesto valoriza la tierra;

* las propiedades grandes pueden ser subdivididas (y aparecer como pequeñas) para no pagar impuestos;

* el pago de impuestos consolidaría un sentido de propiedad sobre la tierra;

* muchas pequeñas propiedades campesinas generan un producto con un alto valor (por ejemplo las plantaciones de coca del Chapare y las de hortalizas en los valles bajos de Cochabamba).

Por consiguiente, el pequeño propietario también debería pagar impuestos. Naturalmente, el costo de cobrar el impuesto puede ser alto. Pero si existen 2 500 000 pequeñas propiedades y cada una pagase tan sólo 10 dólares EE. UU. al año, se podrían recaudar por lo menos 25 millones de dólares, una cifra no despreciable. Los municipios podrían encargarse de una recaudación que podría realizarse durante un mes al año, para reducir al mínimo el costo de recolección del impuesto.

Por otra parte, se debería considerar que el pago de impuestos sobre la tierra podría reforzar el sentido de ciudadanía, aspecto extremadamente deseable en un país donde los campesinos e indígenas sufren segregaciones de distinta índole.

Duda existencial del día: ¿Por qué resulta más provechosa la especulación que el trabajo? ¿Falta de oportunidades y libre comercio, tal vez?

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