Sobre la venta de órganos

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Navegaba tranquilamente por la blogosfera cuando, casi por accidente, encontré un artículo de Escolar en el que se mostraba escandalizado porque en un post de liberalismo.org varias personas, supuestamente habían ofrecido sus órganos en los comentarios. El hilo de comentarios puede ser escalofriante si se toma en serio, pero dado que la mayoría de comentarios vienen de Iberoamérica y que los pobres no tienen acceso a internet, y estos son los que necesitarían vender los órganos para salir adelante (si hay casos reales, pido disculpas). Esto les ha dado igual a muchos de los comentaristas, que se han dedicado a insultar sin fundamento a los colegas de Liberalismo.org, a un autor como Thomas Sowell y a todo lo que suene a liberalismo (dando igual ser una referencia de la blogosfera o un tarado paranoico).

Ciertamente, el debate ético de la venta de órganos es demasiado serio como para resolverlo a golpe de demagogia y slóganes baratos. Así, esta gente da por supuesto que a los liberales que defendemos eso nos parece bien que haya personas dispuestas a vender sus órganos para sobrevivir. Craso error. El sufrimiento y la necesidad que padecen esas personas y que determina esa decisión es algo que nadie en su sano juício desea, y la misma estupidez comete aquel al que le parezca "fantástico" el que la gente tenga que recurrir a eso que la gente que insulta a aquellos que, racionalmente, defienden tal postura.

Recuerdo un episodio de Expediente X dedicado a la venta de órganos. Allí, decenas de personas participaban en un macabro sorteo en el que primero se sorteaba a la persona y después el órgano. Al final del capítulo, las persoans no se enfurecían porque se dieran cuenta de que vender sus órganos era algo malo, sino porque el sorteo de órganos estaba amañado, de modo que siempre salía el órgano deseado.

El problema está en que la persona quiere vender sus órganos. Del mismo modo en que, por ejemplo, niños de 10 años se van a las minas o hay personas capaces de practicar el canibalismo con tal de sobrevivir. Las circunstancias mandan. ¿Que este mundo es un asco y que ojalá no hubiese que llegar a tales extremos? Desde luego, pero eso no libera a los afectados ni de sus problemas. Y, de momento, no existen soluciones reales para tales problemas, al menos sin crear otros mucho más graves. Y muy grave tiene que ser el problema para que la gente esté dispuesta a vender sus órganos.

Veamos qué supone perder un órgano. En principio no es deseable para nadie, se trate del órgano del que se trate. Pero siempre hay excepciones. Entre perder un órgano y perder la vida, supongo que casi nadie dudará... Si tenemos un órgano con un tumor, siempre será preferible sacrificarlo a que este haga metástasis y nos quite la vida. Es preferible perder un brazo con gangrena a mantenerlo y que se extienda. Perder un órgano mermará más o menos nuestra vida en función de su naturaleza pero, en general, se puede llevar una vida normal (con déficits mayores o menores, claro está).

Analicemos ahora qué ocurre en un intercambio. Existen muchos casos en los que un hermano da un órgano para que otro pueda salir adelante. Lo hace porque quiere. Lo mismo podemos decir de miles de personas que fallecen y piden que sus órganos los donen a otras personas o a la ciencia. Y son actos que nos parecen loables, y con razón: se salvan vidas o se contribuye al progreso de la ciencia médica (con lo que se salvan vidas). El problema moral aparece cuando hay dinero de por medio. Da igual que el resultado sea el mismo, o incluso mejor (una persona consigue un órgano vital mientras que otra consigue resolver un problema económico de gran importancia, cosa que no se da en las donaciones gratuítas). La objeción que se puede poner es la de que existen listas que no tienen en cuenta el nivel económico de los demandantes. Pero esa no es justificación suficiente para impedir que una persona libremente decida qué hace con su cuerpo y a quién se lo da. Y esto no es ir en contra de las donaciones voluntarias (donaciones que, como la solidaridad, es necesaria en cualquier sociedad), es defender la venta voluntaria. También se puede pensar que los más perjudicados serían los más pobres, que teóricamente serían principales donantes. No tiene porqué ser así. La gente también tiene su moral y sus ideas, aún siendo pobres.

En resumen. Es una desgracia que la gente tenga problemas de salud, y también lo es que haya tal situación de pobreza o necesidad en algunos lugares del mundo que estén dispuestos a hacer cosas que nosotros jamás nos haríamos a nosotros mismos. La pregunta que cabe hacerse es si impidiendo que la gente actúe libremente se resuelve algún problema o no mientras se piensan en mejores alternativas. A mi entender, la respuesta es no.

1 Commentarios

narpo dijo:

El problema aquí es de moral. Vender un organo por dinero adquiere el mismo estatus que el sexo, las practicas sadomasoquistas, un desnudo o el cambio de equipo de futbol, cosas tolerables siempre que no se hagan por dinero.
En el fondo en la izquierda sigue habiendo mucho meapilas, que le vamos a hacer.

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