Quien se lo iba a decir a Bjørn

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Esto describe tanto mi concepción ética del mundo [...] como una concepción realista del planeta: la gente discuta y participa en el proceso en la toma de decisiones, cosa que no hacen los pingüinos y los pinos. Po lo tanto, la consideración de que se otorgue a los pinos o a los pingüinos dependerá en último caso de los individuos (en democracia, la mitad más uno) preparados para actuar en su nombre. En definitiva, cuando nos planteamos evaluar el proyecto, serán las personas las que decidan. Y aunque estas personas decidan valorar más a las plantas y a los animales, dichas plantas y animales no podrán gozar de estos derechos particulares.

Como resulta evidente, esto es una aporximación básicamente egoísta por parte de los humanos. Pero además de ser la forma más realista de describir el sistema actual de toma de decisiones, a mí me parece que es la única defendible. ¿Qué otra alternativa nos queda? ¿Deberían tener los pingüinos derecho al voto? Si no es así, ¿quién debe habalr en su nombre? (¿y cóm se eligiría a sus representantes?).

[...] La conclusión es que no tenemos más remedio que utilizar a los humanos como punto de referencia. ¿Cómo si no podríamos evitar un dilema ético? Cuando los americanos argumetnaron en favor de suprimir las emisiones de nitrógeno en el norte del golfo de México, con el fin de proteger a los animales que habitan en el fondo marino, se trató de un deseo o preferencia humanos de conservar dicha fauna. No es más que una decisión personal para salvar a los habitantes del fondo -no porque estos tengan algún tipo de derecho inalienable-. Si tuviéramos que utilizar el argumento de los derechos inalienables, nos resultaría imposible explicar por qué se decide a salvar a los animales del fondo marino mientras seguimos matando vacas para comérnoslas. ¿Por qué las vacas no tienens los mismos derechos de supervivencia que la fauna del golfo de México?

Bjørn Lomborg. El ecologista escéptico. Páginas 48-49.

Quién le iba a contar al bueno de Bjørn que unos años después de publicar su ecologista escéptico vendría el PSOE a legalizar los derechos de los simios... Me gustaría recordar la Ética de la libertad, de Rothbard, para añadir un poco de luz a la cuestión...

Hay una ruda justicia en el conocido chiste de que "reconoceremos los derechos de los animales apenas los soliciten". El hecho de que, obviamente, no pueden hacer est tipo de petciones a favor de sus "derechos" es parte constitutiva de su naturaleza y explica por qué no son iguales a nosotros ni pueden tener los derechos de los seres humanos.

Murray N. Rothbard. La ética de la libertad. Página 222.

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