Joseph E. Stiglitz. Los Felices 90.
Título original: The roaring nineties. A new history of the world's most prosperous decade. (2003)
Traducción: Victoria Gordo del Rey y Moisés Ramírez Trapero.
Editorial Taurus. 415 páginas.
El imperfecto capitalismo
Lo primero que quisiera decir es que mis conocimientos en economía son limitados, al menos hasta la posibilidad de poder atacar con claridad todos los elementos que se plantean en el libro, por lo que es de obligación disculparme ante el lector por todos aquellos lectores que pudiese cometer. Prejuicios ideológicos aparte, por supuesto. Pero no se preocupen... tampoco Stiglitz está a salvo: malinterpreta a Smith constantemente y fue director del consejo de asesores de Bill Clinton durante su mandato de 8 años, aparte de ser un socialdemócrata de pro.
El libro intenta abarcar todos los eventos relacionados con la crisis económica que padeció EEUU (y que en parte sigue arrastrando) a partir del año 2000 una de las mayores de la historia, y que vino predecida de una de las mayores épocas de prosperidad de la historia. Estamos hablando de un ciclo económico, es decir, un periodo en el que las cosas van muy bien hasta que, "de repente", las cosas empiezan a ir fatal.
A partir de la exposición de estos hechos, el autor comienza a describir los acontecimientos que estima más importantes para que se hubiese llegado a tal situación, entre los que destacan, en primer lugar, la política deficitaria y de recortes de servicios públicos de Reagan, fue sucedida (tras los 4 años de Bush padre, donde se afrontó una crisis bancaria de gran importancia) por una época de control de gasto público, superávit, prosperidad y crecimiento económico. Sin embargo, algunos bancos, algunos directores de empresas con más cara que espalda y algunos demócratas insensatos, apoyados por la Reserva Federal Americana (FED), junto con algunas desregulaciones insensatas, llevaron a que esta ola (en parte, infundada) de prosperidad se transformase en las mayores quiebras de la historia. De ahí la necesidad de refundar toda una ideología, la del partido demócrata y, ya que nos ponemos, de toda la socialdemocracia. Dicho muy a lo bruto, esto es lo que cuenta el libro. ¿Tiene razón Stiglitz? Esto supondría comenzar un análisis mucho más detallado de todo lo que plantea, para lo que no me siento completamente preparado, pero sí, al menos, en algunos puntos importantes.
Sobre Reagan, aún reconociendo sus errores (su política sobre bancos propició una crisis que costó millones de dólares, esta crítica está muy bien razonada por parte de Stiglitz), creo que quita límite a sus méritos de reducción de intervención del Estado como razón del periodo de prosperidad.
En cuanto a la conspiración de unos cuantos directores de empresa con algunos banqueros para inflar las cuentas de resultados a los accionistas, estaríamos ante la mejor parte del libro, tanto por la fundamentación como por la explicación (Stiglitz ganó el Nobel de economía por sus trabajos sobre información asimétrica, que es de lo que estamos hablando). Aquí, el papel de los incentivos (las famosas stock options) es vital para entender el comportamiento de estos personajes. Los ejecutivos serían los principales responsables de la burbuja, pero no los únicos.
Sobre el papel de la FED, creo que también acierta en un elemento que parece vital: seguir manteniendo los tipos de interés bajos frente a la sospecha de que se encontraban ante una burbuja.
Con los resultados ya expuestos, se deriva hacia un intento de ataque a esa ola resucitada de "liberalismo a ultranza" (chiste que merecería una reflexión aparte). Bajo su punto de vista, estas malas prácticas demuestran que sigue siendo necesaria la intervención del Estado para resolver aquellos lugares donde los imperfectos mercados no llegan. La idea de Smith de que, actuando una persona por su propio beneficio, mejora a los demás, como si de una mano invisible estuvieramos hablando, es falsa, muy a pesar de todas esas voces que afirman lo contrario, y que los mercados son perfectos. Pero claro, la mano invisible de Adam Smith no estaba pensada para un hatajo de estafadores (que, a fin de cuentas, eran los responsables de Enron, Worldcom y otras compañías), que es de lo que a fin de cuentas estamos hablando. Y, en todo este tiempo, yo no he leído absolutamente a nadie que haya planteado que los mercados sean perfectos. Pero incluso en el caso de que el mercado sea imperfecto (que lo es cuando se reunen una serie de criterios, y que resume brillantemente Stiglitz para hablar del mercado energético californiano), ignora dos elementos funtamentales: quién es el responsable de tal situación (cómo se desreguló aquel mercado) y cuales pueden ser las consecuencias sobre los derechos de propiedad. Este segundo punto es ignorado por Stiglitz.
A partir de aquí, el autor plantea una necesaria revolución dentro de los sectores socialdemócratas. Este último capítulo es el peor de todos. Ignorando algunos de los problemas de la socialdemocracia, y careciendo por completo de sentido de todo sentido de la ética o del respeto a la libertad ajena, suelta uno de esos discursos dignos del Sindicatos de Estudiantes o de unos estudiantes de primero de ciencia política. A fin de cuentas, Stiglitz es un resultadista. No es que desconfie por completo de la libertad individual, sino que adopta el criterio galbraithiano del poder compensador, esto es, si las iniciativas privadas no llegan, ha de intervenir el Estado, pero ni siquiera bajo tal planteamiento llega a hacer una aportación mínimamente consistente. Lo suyo es la información asimétrica.
Mención aparte merece el capítulo dedicado a Enron. Junto con el del inicio de la formación de la burbuja, lo mejor del libro.

Stiglitz, como se dice en mi pueblo, es un "liante". Tengo su libro "Microeconomía" de 1º de carrera de economía, y hace poco me leí "El malestar en la globalización" por puro gusto, llevado por el título esperaba leer algo interesante sobre la globalización, y lo único que me encontré fue un repetitivo y cargante libro anti-FMI. Ya sabemos que el FMI comete errores garrafales, pero es que, este señor escribe con el odio típico de un resentido comunista de IU, y mi estómago no está para trotes de ese tipo.
Mucho peor, Sawa... Este tío ha sido Vicepresidente del Banco Mundial y Econimista Jefe de dicha institución...
Y, ya que estamos... ¿No crees que habría que cerrar ambas instituciones?
Saludos.
Que si lo sé? Lo repite hasta la saciedad en el libro, también repite cien mil veces que fue economista asesor principal de la administración Clinton, pensará que eso le da credibilidad.
Es curioso que preguntes eso, en el libro "El malestar en la globalización", remarca que estas instituciones en su inicio estuvieron influidas por el pensamiento de Keynes (pensador antiliberal), el FMI tiene como objetivo dar estabilidad a la economía mundial ya que las fluctuaciones económicas eran un fallo de mercado, y estas deberían corregirse dando créditos a los estados y así aumentar su demanda agregada para "saltarse" la crisis (pensamiento típico keynesiano y objetivo original del FMI), desde la óptica de Keynes, el FMI y el BM son completamente coherentes. Luego argumenta que el FMI perdió la "coherencia intelectual" cuando abrazó el "fanatismo de mercado" lo que motivó diversos errores catastróficos en sus políticas (quitando los numerosos juicios de valor que mete en su razonamiento, la idea básica es correcta), al imponer medidas restrictivas en el presupuesto a diversos países con problemas y disminuyendo sus demandas agregadas, en muchos casos agravó las crisis en vez de solucionarlas (las políticas restrictivas del presupuesto son medidas típicas liberales). El caso es que desde el punto de vista liberal, el FMI y el BM son incoherentes y no pueden funcionar jamás, en esto hay que admitir, si tiene razón.
Comete una falacia en el libro bastante engañosa, asume que cuando el FMI y el BM al abrazar el liberalismo perdieron la coherencia, esto -según se lee entre líneas- desacredita al liberalismo, pero no es así, la incoherencia del FMI y el BM sólo les desacredita a ellos, no al liberalismo, ya que desde el punto de vista del liberalismo, el FMI y el BM no deberían existir. La argumentación de Stigltz finaliza con la conclusión de que habría que forzar al FMI y al BM a volver a su ideología original (para recuperar la coherencia ideológica), pero su argumentación puede tener otra conclusión igualmente lógica y válida (y me parece que él no se da cuenta de ello), la coherencia ideológica se mantiene igualmente si se suprimen el FMI y el BM (cosa que seguro le espantaría).