Análisis de nuestros nacionalismos en la actualidad

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A lo largo de este periodo democrático iniciado tras la muerte de Franco, la cuestión nacionalista ha sido uno de las mayores problemas que ha tenido que soportar España. Con papeles casi ambivalentes según las circunstancias y los intereses, los diferentes partidos nacionalistas han contribuído o han dificultado la estabilidad del país.

Durante la década de los 80, el papel de los nacionalismos fue muy moderado debido a las mayorías absolutas del PSOE. Pero durante los años 90, y a medida que Felipe González se iba desgastando, estos (especialmente Convergencia i Unió) consiguieron que el "reparto de la tarta", esto es, el dinero que se ha quitado a los ciudadanos vía impuestos, les fuera más favorable a la par que se desarrollaba una importante transferencia de competencias, línea política que siguió en las dos legislaturas de Aznar. Sin embargo, el PNV comenzó una deriva de corte mucho más separatista en la que ya no importaba aliarse con aquellos que habían matado a más de 800 personas y chantajeaban al resto de la sociedad vasca (la no nacionalista, por supuesto). Convergencia i Unió, por su parte, ha mantenido hasta la fecha unas posiciones más moderadas, si bien su contribución ha de ser vista desde todas las reformas institucionales que se llevaron a cabo para imponer la idea de La Gran Catalunya, introduciéndose especialmente en la cultura. Huelga decir que todo conflicto con el "Estado español" (concepto inventado por el fascista Ramón Serrano Suñer) era visto como un agravio a "sus" naciones, algo que ha contribuido en gran medida a tensar aún más la situación que hoy vivimos. La excepción siempre ha sido Coalición Canaria, quien ha formado parte del gobierno y cuyas demandas no han sido tan llamativas como las de sus colegas.

Estas transferencias no son malas per se. Muy al contrario. A los liberales siempre nos ha gustado que, cuanto menos, el poder esté dividido y descentralizado como método de control a los que dirigen el Leviatán estatal, y el caso español no es una excepción. Como no puede ser de otro modo, el objetivo es garantizar la mayor cantidad de derechos y libertades de los individuos. Sin embargo, a lo largo de este periodo, los nacionalistas, bien apoyados por mayorías absolutas, bien por partidos de corte constitucionalista, han llevado a cabo modificaciones en las leyes, de tal forma que a medida que pasara el tiempo, se dieran unos supuestos resultados en los ciudadanos. Nuestro sistema democrático permitía el desarrollo de estas identidades nacionales como final de todos los conflictos nacionalistas, pero estos se han empeñado en exhacerbarlas en nombre de sus utopías. Y el problema de las utopías no están en sí mismas, sino en los derechos y libertades de los individuos que se han de violar para conseguirlas. El llevar a cabo los sueños de los nacionalistas no es que pueda suponer, es que ya está suponiendo violaciones en los derechos de los ciudadanos, como es el caso de los profesores castellanoparlantes que, por el hecho de no conocer el euskera, han de irse de aquellas tierras.

En la actualidad, las vascongadas (como suele llamarlas el liberal vascongado) están padeciendo la deriva nacionalista de Ibarretxe, una deriva en la que no importa que la gente pueda irse del País Vasco por culpa de medidas excluyentes sobre los ciudadanos. En Cataluña, tenemos un tripartito de izquierdas y nacionalista dedicado a acelerar en todo lo que pueda su hoja de ruta a la independencia y que tampoco garantiza los derechos y libertades de los individuos, no unicamente por ser de izquierdas. En ambas comunidades (y en cualquier sitio donde se den estos hechos), lo peor siempre ocurre donde no se puede ver nada y las pequeñas voces que llegan pequeñas voces que pasan desapercibidas. Y en Madrid, el gobierno tripartito de Zapatero, con ERC y el PSC entre sus filas.

Con una idea más que discutible del "talante", el actual presidente del gobierno pretende dialogar con estos señores separatistas, empezando por el Plan Ibarretxe y siguiendo por una reforma del Estatut catalán. Lamentablemente, habría que recordarle a Zapatero que estas modificaciones en las legislaciones sólo han servido para violar derechos de los individuos a costa de vender una imagen falsa de un país uniforme culturalmente. El Estado simplemente debe reconocer estos derechos, y su deber último es defenderlos.

Sigo pensando que lo peor está por venir. Espero equivocarme.

2 Commentarios

Coase dijo:

A mí España en abstracto me importa un rabano. Lo que me preocupa es que vamos camino de la destrucción del Estado y la desintegración de la sociedad. Si fuera para contentar a los nacionalistas prefiriría que nos llamaramos Espita y que nuestra bandera fuera naranja fosforito a cambio de que terminara esta locura nacionalista/fascista que nos llena de burócratas localistas y tribales.

Ramón D. dijo:

A los análisis sobre la situación política española y los conflictos nacionalistas, hay que sumar la entrevista al historiador Miguel Artola, publicada en EL PAIS del domingo 10-04-05.

Artola reconoce que la raíz de este problema se encuentra en la formación del Estado español allá en el XIX, en su necesidad de definir el territorio de su actuación, de igualar políticamente a los ciudadanos y de acabar con los privilegios forales. O sea, el programa de la revolución burguesa contra el feudalismo, inacabado todavía en lo relativo a los fueros. Reconoce que hace tiempo debería haberse previsto esta tendencia fragmentaria del Estado y que la novedad o peligro actual, estriba en la ausencia de fuerzas o intereses para mantener la integridad del territorio. Añade la rápida aparición de aparatos “estatales” periféricos, con el consiguiente cortejo de puestos políticos codiciados en dos sentidos: la remuneración económica y el hecho de gobernar directamente en el nivel local, creando así una profesión mucho más abundante: la carrera política autonómica. Esta realidad está desafectada de supuestas opresiones históricas-lingüística-culturales, pero se utilizan localmente como pretextos justificadores para el ejercicio de los cargos y su mantenimiento, así como del entramado inherente de las nuevas castas políticas. (Esto evoca el debate entre los marxistas sobre el origen y naturaleza de la burocracia soviética, debate que empezó con los bolcheviques y ha finalizado con el derrumbe de la URSS; no era una clase sino una casta. Ver Ernest Mandel). El catedrático elude pronunciarse sobre el futuro, porque las fuerzas en presencia todavía no han desplegado su potencial, aunque tacha veladamente de irresponsables políticos a cuantos están inmersos en el proceso sin poner remedio, pues los nuevos interesados gobiernan sus naves sin importarles las consecuencias de sus viajes particulares. En cualquier caso advierte que se están creando condiciones conducentes a enfrentamientos sociales, comparándolas con crisis revolucionarias anteriores. Admite un paralelismo interior de la tendencia mundial a ahondar la brecha entre pobres y ricos, acusando a los políticos de no interesarles solventar las desigualdades territoriales españolas. Por último Miguel Artola constata la paulatina desaparición del Estado español en aras del egoísmo particular que lo hace jirones cuando apenas ha echado a andar en la Historia y espera que la opinión pública se oponga a esta tendencia.

Sobre esta entrada

Esta página contiene una sola entrada realizada por Manolo Millón y publicada el 13 de Abril 2005 9:31 PM.

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