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Para futuras conversaciones de economía

Cuando uno ve que los problemas que aquejan a la sociedad son muy similares a los de hace más de 50 años, uno se acaba preguntando hasta qué punto hemos avanzado en algunos de los campos y qué poco lo hemos hecho en otros. La biología, medicina, la física, la matemática, la informática, la psicología, en fin, todas las disciplinas científicas han progresado enormemente desde la Segunda Guerra Mundial. La economía no podía ser una excepción. Es una disciplina que ha avanzado muy significativamente en los últimos tiempos. Sin embargo, parece que seguimos siendo unos analfabetos económicos. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que, cuando queremos hablar de un campo como es el de la globalización (digo este como digo despido de trabajadores de una empresa, privatizaciones, especulación,…), no tenemos nociones básicas para poder razonar de la mejor manera. No digo que sea este estudiante de psicología una lumbrera en la materia (evidentemente, ni siquiera es mi campo), pero creo que toda persona, en la situación mundial en la que vivimos, debe ser consciente de las reglas del juego en las que vivimos.

En mi opinión, tenemos ideas demasiado sesgadas del funcionamiento del mercado, de la economía en sí, y de las consecuencias que tienen para todos los “actores” (permítanme usar este término de mi antigua asignatura de Relaciones Internacionales), tanto a corto como a largo plazo.

No sé cuantas veces he oído ya que si se debería subvencionar a una empresa que es deficitaria. (Si no se atreve a hacerlo el sector privado, que considera que no tiene posibilidades suficientes para sacar rentabilidad a ese negocio, ¿por qué tiene que va subvencionarlo el Estado? En el caso de que lo hiciera, sería el Estado, es decir, todos nosotros, los que tuviéramos que pagar los costos de esa operación, es decir, que todos seríamos más pobres por haber hecho una inversión no rentable). Tampoco recuerdo a cuantas gargantas he oído defender la necesidad de erradicar a las empresas de trabajo temporal, cuando estas sólo abarcan el 16 % de la cuota de mercado (exacto, una empresa sólo contrata al 16 % de su plantilla por esta vía, lógico por otra parte, cuando la misma empresa puede recurrir a sus propias listas para “rellenar” aquellos “huecos” que pueden tener en un momento dado, siendo las ETT una especie de último recurso, y además más cara que si hicieran ellos mismos la gestión). Y mi cerebro ya ha desechado las imágenes de todas aquellas multitudes de agricultores que tiraban los alimentos de los camiones españoles, y un mes antes nos dedicáramos a tirar los camiones que venían desde Marruecos por no sé que historia (seguro que la que ponían los franceses a la hora de tirar nuestros productos)… para que sea yo el que pague el kilo de patatas a 1.2 euros… y al final quejándonos todos de que si los países pobres siguen siendo pobres… si los países de allá no tuvieran que competir con las subvenciones de aquí. O bien que a un genio se le ocurra subir más los impuestos… cuando el 59% de la población tiene problemas para llegar a fin de mes...

Como ya estoy harto de todas estas cosas, y de que además, aquella persona con la que tenga que discutir no tenga ni idea del funcionamiento de ese “monstruoso horror” llamado libre mercado, quisiera decir las cosas desde aquí, donde probablemente sea más fácil el debate y más fácil la búsqueda de datos y cosas así.

Así que, como primer comentario, quisiera rendir mi humilde homenaje a Henry Hazlitt. Me encantaría añadir un link hacia su biografía, pero dado que no me ha sido posible en castellano (sí en inglés), he optado es por ponerlo hacia su obra de referencia: “La economía en una lección”, escrita en un 1947. Este libro es imprescindible para toda aquella persona que quiera hablar con un mínimo de conocimiento de causa de estos temas. Este libro resuelve muchas dudas que se puedan tener sobre el funcionamiento del libre mercado y de las consecuencias, tanto a corto como a largo plazo (donde fallan todos los análisis, pertenezcan a una opción política u otra, en el fijarse sólo, bien en las consecuencias a corto plazo, bien a largo plazo, o al menos, no lo suficientemente ancho). En mi opinión, es a partir de una base como esta a partir de la cual se puede especular (salvo que seamos economistas dedicados a estudiar esto) sobre la materia económica. Para los que les guste la idea y tengan ganas y dinero, también es posible comprarlo en www.unioneditorial.es

Y todo este pegote porque... las problematicas que abordaba (y que, sin duda otros abordaron antes, pero que he cometido la voluntaria atrocidad de olvidarlos, aunque sólo sea momentaneamente) son, exactamente, las mismas que ahora tenemos. Sin embargo, las excusas para luchar contra el mercado libre siguen siendo las mismas... sí, exacto, con las instrucciones de solución claritas y bien escritas desde hace más de 50 años...

El libro no es perfecto, es un muy básico para entender el funcionamiento del mercado, pero sí es lo suficientemente efectivo para desarrollar bien su labor pedagógica.

Tampoco estaría mal chequearse, de vez en cuando, esta página, que tendré como base para llegar a profundizar en los campos económicos.

Una vez hecha la mínima divulgación, hablemos de todo y sin prejuicios. Y encantado de ser rectificado.

30 Abr 04 @ 12:00 AM | 9 comentarios | Economía