Thomas Hobbes: El absolutista precursor del liberalismo

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En el fondo, lo que los autores anteriores estaban haciendo era otorgar todo el poder a un soberano (el príncipe-rey), una serie de justificaciones para el mantenimiento del poder (es necesario para mantener la paz social, en el caso de Maquiavelo ni se lo planteaba, es sólo el poder por el poder), y una serie de justificaciones a los derechos del pueblo, que se otorgaban, bien por utilidad para el príncipe, bien por el riesgo de guerra. L’Hôpital no deja de ser un intento de separar la religión de la esfera pública y, de algún modo, evitar más conflictos.

Estos son los antecedentes teóricos de la política hobbesiana. Desde el punto de vista histórico, como ya se ha comentado, estamos en un periodo de enormes disputas religiosas entre protestantes y católicos. En Inglaterra esto se hace especialmente virulento. Dos guerras civiles en un mismo siglo es demasiado traumático para cualquier país, ya no digamos si estamos metemos por medio causas religiosas. El mismo Hobbes tendrá que salir exiliado por sus problemas con Oliver Cromwell, por lo que podemos estimar como normal el que Hobbes propusiera lo que propuso.

En resumen (es decir, sin acercarme en profundidad a la justificación de porqué el hombre tiene conciencia lingüística para construír leyes, aunque siempre de modo relativo) Hobbes construye su teoría de la legitimidad del poder basándose en que su justificación nace a partir de un acto de voluntad racional, es decir, que la sociedad política y el Estado son entes artificiales. La base que toma esta teoría es radicalmente individualista, como se puede ver cuando plantea que la sociedad política es un ente artificial construído por cada persona. La justificación de la existencia de este artificio estará en lo que el denomina “estado de naturaleza” del ser humano, un ser totalmente anárquico capaz de llevar a cabo… hechos como los acaecidos en la Inglaterra del Siglo XVII: una cruentísima guerra civil. Para evitar el estado de naturaleza del hombre, es necesario que exista una fuerza mayor capaz de impedir que triunfe esta situación: el Estado. En su obra, Leviathan, Hobbes define el estado de naturaleza humano o anarquía con la figura bíblica del Behemoth, mientras que al Estado lo representa con el Leviathan, un Leviathan capaz de vencerlo y del que todos reconocemos formar parte y al que debemos obediencia. Reconózcase el contrato social implicando a todos en el Estado y los problemas de legitimidad que acarrea. No obstante, esto de democrático tenía lo que Paco Porras tiene de Premio Nobel de Medicina. El estado hobbesiano es un estado absolutista, su poder es total, indivisible e irrefutable, y todos debemos obediencia Y, por supuesto, tiene el derecho, el deber y la capacidad de defenderse de aquellas agresiones por parte de sus propios súbditos que intenten su desmantelamiento. Su objetivo (es un ente finalista) es el de mantener la paz social. Sí plantea la posibilidad de que el Estado sea útil ante los ciudadanos, puesto que en caso de que fuera despótico, las sublevaciones populares serían constantes.

Ironías de la vida, por un lado, este defensor del absolutismo se convertirá en el precursor del liberalismo. El hecho de que para sobrevivir, el Estado tenga que beneficiar a los ciudadanos no deja de ser un reconocimiento desde el punto de vista práctico (desde el teórico no, puesto que el Estado no tiene la obligación de nada, sólo de sobrevivir y mantener la paz social) de que hay derechos individuales que deben ser respetados. La obra política de Hobbes está llena de contrasentidos, hasta el punto que puede llegar a dar a entender una cosa, la opuesta y la contraria de ambas. Sin embargo, su defensa implícita e indirecta del derecho individual y del individualismo metodológico le hace imprescindible en el contexto histórico para entender al primer teórico liberal de verdad, John Locke.

Por otro, no deja de ser curioso que los progres de hoy en día defiendan lo mismo que defendía Hobbes, que es necesario un ente superior (en este caso, “Papá Estado” o cualquiera de sus versiones menos democráticas) para impedir que el estado de naturaleza del ser humano (es decir, los malvados capitalistas) surja y destruya al propio ser humano. El debate de sacrificar libertades a cambio de más seguridad está muy vivo en la actualidad, como puede ser la sanidad, la educación, el ejército. Pero, por encima de todos, está el plano económico. Este, en un porcentaje muy importante, acaba convirtiéndose en la fuente de todas las discusiones.

1 Commentarios

Yugo dijo:

Bieeeeeeen, ahora viene Locke, que por cierto, hay un buen artículo en www.liberalismo.org...xD

Sobre esta entrada

Esta página contiene una sola entrada realizada por Manolo Millón y publicada el 28 de Agosto 2004 12:00 AM.

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