Estado, mercado y suicidio

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Duros han sido los debates efectuados entre defensores de unas corrientes económicas y otras sobre las relaciones entre unas políticas económicas u otras y el suicidio (hablando siempre en contextos democráticos). Unos (los liberales) argumentaban que la tasa de suicidios en Suecia se debía a los impuestos que generaban su “Estado del Bienestar”, otros argüían que es en los sistemas más capitalistas en los que las tasas de suicidio son mayores, y que los datos recogidos por los liberales no tenían en cuenta efectos como el clima en los países nórdicos. El presente post tiene el objetivo dar a conocer algunos informes relacionados con este tema, así como abrir nuevos debates al respecto.

Lewis y Sloggett (1998), en un estudio longitudinal llevado a cabo en Inglaterra y Gales, estiman correlaciones entre desempleo y riesgo de suicidio. Sin embargo, las posibles relaciones entre suicidio y acceso al vehículo, al nivel cultural o a la vivienda han sido muy débiles, cuando no inexistentes. Un segundo estudio, éste planteado por Blakely, Collins, y Atkinson (2003) estimó que, en Nueva Zelanda, el riesgo de suicidio puede llegar a triplicarse en personas que no tienen empleo en comparación con personas que sí lo tienen. Sin embargo, ni en este estudio ni en el de Ferguson, Blakely, Allan y Collings (2004) se habla de ir más allá a la hora de encontrar medidas económicas (o de economía política), ni de relacionarlos con ratios de suicidio. Las correlaciones hayadas entre renta per cápita, paro y suicidio no han sido lo suficientemente significativas como para llegar a conclusiones concretas. Además, parecen no haber tenido en cuenta si medidas más liberalizadoras del mercado (es decir, sin ninguna intervención por parte del Estado) podrían causar un mayor riesgo de suicidios.

Probablemente, el estudio longitudinal más interesante sea el de Whitley, Gunnell, Dorling y Smith (1999), ya que planteó la posibilidad de que el suicidio no estuviera relacionado con el nivel de riqueza/pobreza, sino con la fragmentación social que padeciera la persona. Esta fragmentación social consiste en la disminución de la cohesión social y el aumento de la exclusión social, deducible a partir del modelo de desarrollo económico, los cambios en el mercado de laboral y de los sistemas de protección social, los cuales, supuestamente, tendrían efectos sobre la desigualdad social y en la estructura familiar e individual, sin olvidarnos de la influencia en los planes de futuro de la persona. También puede afectar a las personas con empleo, puesto que, en función del contexto económico, podrían llegar a ser despedidos. Todo ello no generaría sino una sensación de inseguridad hacia el futuro en los trabajadores. Y en todo ello, el papel del Estado es fundamental.

Las causas del sucidio en las personas adultas pueden ser múltiples, pero parece ser necesario el que exista depresión para que se pueda llevar a cabo. Abramson, Metalsky y Alloy, en su teoría de la desesperanza de 1989, consideraban que para que pudiera existir la depresión sólo tenía que aparecer una expectativa negativa sobre un suceso considerado como importante unido a sentimientos de indefensión sobre la posibilidad de cambiar la probabilidad de ocurrencia de ese suceso. Destacan también las atribuciones que hagan las personas sobre las carácterísticas de las causas de sus problemas, especialmente en lo que se refiere a estabilidad (a lo largo del tiempo) y a la globalidad (es decir, si se refiere a un problema concreto o va más allá).

En ese sentido, el papel del desempleo cobra una función especial, puesto que el trabajo es el principal medio en el que se desarrolla la vida del ser humano. La importancia de tener empleo se debe a que, al margen de ser el medio básico de subsistencia:

“…actúa como plataforma para las relaciones sociales, le permite establecerse metas y tener expectativas, impone estructura a nuestra vida, ofrece contactos regulares, fuerza a realizar una actividad, forma parte de la identidad social, forma parte de la actividad social y el autoconcepto del individuo, le extrae de una posible rutina doméstica, es importante en el desarrollo de habilidades y creatividad y en el control de la propia vida” (Moreno, 2001, p. 95).

A partir de lo anterior, es fácil deducir que el desempleo puede ser un evento negativo en la vida de las personas, tanto a nivel físico, como social y económico, capaz de generar crisis económicas, impacto familiar, pérdida de identificación grupal, o depresión. Es a partir del afrontamiento de estas posibles circunstancias las que decidirán el futuro de la persona.

El Estado es el agente que impone un marco legal a partir del cual los ciudadanos compiten por mejorar su calidad de vida. A partir de las instituciones que la componen, se encaraga de todas aquellas regulaciones de las libertades y obligaciones de los ciudadanos. Estas pueden dividirse en políticas (sobre el funcionamiento del Estado), morales (sobre lo que pueden hacer los ciudadanos con su vida), económicas (sobre el derecho a la propiedad privada) e informales (normas de comportamiento autoimpuestas por la sociedad a partir de las normas creadas por el Estado).

Centrándonos en el tema económico, pueden verse sus efectos de modo directo (como por poner un solo ejemplo, la aplicación de un impuesto destinado a sufragar los costes de mantenimiento de la residencia de ancianos X a costa de quitarles dinero a otros ciudadanos) y efectos indirectos (no ya la tranquilidad que supone el descargo de la responsabilidad de los familiares del anciano enfermo, sino el cómo estas personas pueden influir en el resto de la sociedad: pueden tener más tiempo libre para ir al cine, con lo que estarían pagando un servicio que mantiene a trabajadores, los cuales pueden a la vez, hacer uso de otros servicios, cuyo dinero ayudará a pagar a otros trabajadores que consumirán… a costa de las personas que pagaron sus impuestos y, por consiguiente, dinero que no podrán utilizar consumiendo, y limitándose la posibilidad de que el mismo proceso que hablábamos en un principio). Es necesario recalcar que no se trata de un proceso de “mano invisible”, sino de algo medible y observable. Es decir, que las consecuencias de una acción son predecibles (al menos, en buena medida) en el futuro.

A mi modo de ver, son cuatro los aspectos centrales en los que el Estado sí puede tener una influencia directa en el empleo y el desempleo:

a) Pago de indemnización por despido. Si el trabajador es despedido teniendo un contrato en vigor, es habitual que al trabajador se le indemnice con una compensación económica. Esto influye negativamente en la empresa, que ha de pagar a un trabajador por un servicio que no ha prestado.

b) Pensiones y seguro médico. Actualmente las cotizaciones a las pensiones van a parar al Estado, el cual impone unos criterios muy rígidos para que la persona pueda disponer de su dinero como ella estime oportuno. Esta relación no es elegida por el ciudadano. Es decir, no puede optar por enviar ese dinero a una empresa que le promete más rentabilidad por una inversión en ella. Lo mismo podemos decir del seguro médico, aunque lo más probable es que, en comparación con los derechos que actualmente tiene una persona, acabara saliendo perdiendo.

c) Paro. La persona, por las cotizaciones que ha hecho al Estado, tiene derecho a un pequeño sueldo o paro. Paro que, no cobra de su propio dinero sino de la suma de todas las demás personas que han cotizado. La propuesta sería que, teniendo ella responsabilidad directa de su dinero, no tendría que estar sin trabajar a cuenta del dinero recaudado por el Estado, sino que se preocuparía directamente de su dinero, pudiendo hacer lo que ella estimara oportuno.

En lo que se refiere a los puntos b y c, presupongo que el dinero que se lleva el Estado no se lo queda la empresa, sino el trabajador de modo que este lo dirige como estima oportuno.

d) Subvenciones e impuestos a las empresas. Lo que consiguen las subvenciones es desvirtuar el cálculo económico de los empresarios. Al alterar la realidad económica, los negocios no saben realmente si pueden mantenerse cuando se les retiren las ayudas, aumentando el riesgo de que quiebren por no haber hecho las modificaciones oportunas en sus negocios.

Serán los datos de futuros estudios longitudinales los que den la razón a un sistema político más intervenido u otro más libre económicamente. Pero ello no elimina que el político pueda ser considerado como un científico que manipula unas variables (impuestos, reglas, normas,…, relacionadas con los puntos a, b, c y d) en un sujeto (el Estado) para que se den unas respuestas concretas (es decir, una disminución significativa en el número de suicidios).

Referencias no linkeadas

Abramson, L.Y., Metalsky, G.I., & Alloy, L.B. (1989). Hopelessness depression: A theory-based subtype of depression. Psychological Review. 96: 358-372.

Moreno Jiménez, M.P. (2000). Psicología de la Marginación Social. Málaga: Ed. Aljibe.

Actualización: Gracias a la recomendación de mi buen amigo DLuque, he decidido postearlo también en PSIPAL, para que puedan entrar también la opinión de otros psicólogos.

6 Commentarios

seneca dijo:

Muy buen artículo, pero yo creo que con una sanidad privada ysubvenciones a la demanda se haría mucho más que con un monopoliopúblico, ya que no restas inversiones innovadoras al sector, abaratandosu precio real.

DLuque dijo:

seneca (o MM) ¿a qué te refieres con subvenciones a la demanda? Porcierto, muy buen post MM, ¿por qué no lo linkeas al psipal? ¡creo quequeda bastante bien!
-> Hoy es mi último examen
-> Mañana la fiesta de graduación
-> Ñaaaaaaaaaaaa

Ahora mismo lo linkeo a PSIPAL.

Subvencionarla demanda quiere decir, en el caso del seguro médico, que el Estadopuede financiar una parte (que puede llegar a ser toda en función delintervencionismo estatal) de los costos de las necesidades delpaciente, de modo que este siempre podría acceder a los servicios quenecesitara, aunque después tuviera que pagar una cantidad de dinero.

DLuque dijo:

Algo asícomo una SS pero solo para los que no tengan dinero ¿no?

The Happy Butcher dijo:

sí, la clave está en que la gestión de las empresas sí sería privada.

seneca dijo:

El carnicero ya ha contestado por mí.
Suerte en el éxamen Dluque, por cierto carnicero me compré un libro genial sobre el por qué de la gestión privada.
Si, es algo así como el sistema del cheque escolar que se ha impuesto en suecia con excelentes resultados.

Sobre esta entrada

Esta página contiene una sola entrada realizada por Manolo Millón y publicada el 1 de Julio 2004 12:00 AM.

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