Cotas de miseria

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Aún recuerdo la primera vez que la vi. Estaba en casa de mi amigo Ctugha y su novia viendo películas malas (una hermosa tradición que aún hoy se mantiene)... hasta que el repertorio se acabó y acabamos viendo durante un rato Crónicas Marcianas, donde unos contertulios estaban hablando sobre... ¿el concepto de relatividad de Einstein respecto a su teoría? ¿Los muertos de hambre de Somalia? ¿La última crisis pepera? ¿Alguna teoría interesante sobre el funcionamiento de los servicios públicos tales como instituciones psiquiátricas? Obviamente, no. Era Carmina Ordoñez acerca de... ni lo sé ni me importó... ni me importa un carajo ahora mismo, la verdad. Pero sí recuerdo que estaba hundida, como a punto de llorar, igual que una persona incapaz de soportar la tensión, con el temblor en la voz característico de quienes están a un paso de derrumbarse. Hubo un corte de publicidad... y nos dedicamos a hablar de la calidad de los argumentos de gente como Lecuqio, Matamoros,..., y todos esos que conocerán mejor que yo... y especialmente de su educación (de la mala, para ser más exactos). Quince minutos de infumable publicidad (del tipo envía "soy gilipollas" al 5555 y conseguirás...) y, de pronto, vi a una mujer renacida de sus cenizas, con una fuerza y una entereza a la hora de afrontar las insidias de sus compañeros de taberna que habrían sido dignos del mejor Galileo tuvo los santos cojones (y, por encima de todo, las ideas) de mandar a tomar por culo las teorías tolomeístas de la época. Ni que decir tiene que se había metido la suficiente cocaína como para detener un trolebús con sus propias manos. (La otra posibilidad era que padeciera de una neurosis de tamaños grotescos... o que hubiera recibido clases por expertos de las drogas y sus efectos en el sistema nervioso, pero no hay indicios en ninguno de los dos casos: la prensa rosa lo habría difundido).

Si lo pienso un segundo, creo que Carmina debía conocer los efectos de la cocaína como para saber a qué recurrir en "momentos de necesidad"... y que Quentin Tarantino refleja muy bien en una frase de su "Kill Bill II" cuando el jefe de un club de strip-tease de mala muerte le dice a una chica mientars le ofrece una raya de coca... Toma, siéntete importante. Por lo tanto, o no debía ser la primera vez... o era muy confiada ante lo que los demás le ofrecieran.

Hoy no vamos a hacer un resumen de los efectos de la cocaína (todopoderoso emblema de este blog), tan típico de los análisis que se suele hacer por este pedante rincón de la blogosfera. Quiero centrarme en ese marasmo de caos producto de un aborto intelectual como es la televisión basura, a la que la reciente difunta ha contribuído con innumerables regalos (en forma de exclusivas previo pago de su importe) y que dejará (esperemos) con una gran crisis existencial...

No, ya se inventarán un nuevo mito al que destruír: el pastel es demasiado jugoso. Sólo hacen falta voluntarios. A mi memoria viene lo que me llegó a decir un primo mío sobre su mayor aspiración en su vida: poder entrar entrar en la casa de Gran Hermano. Mi primo no es que fuera un empollón precisamente, pero esta era la manera más sencilla, según él, para conseguir ser rico haciendo el mínimo esfuerzo. Pero si fuera sólo él... Para el Gran Hermano 3 se presentaron 50.000 personas en el casting de selección. No quiero ponerme a buscar lo que pudo ser en el casting de aspirante a cantamañanas de Operación Triunfo 2. Finalmente acabamos viendo a lo peor de la especie humana que se pueda recluír dadas unas condiciones psicológicas individuales y un límite numérico. Esto es para que halla polémicas y, por las mañanas, nos salgan la Campos a contarnos sus neanderthalidades; las tardes nos inunde el "Sabor a pis" de rezumada nadería; y las noches se infecten de plagas de marcianos conquistadores del intelecto. Los colaboradores podrán ser tíos con más dedos de frente como Boris Izaguirre o gente que, si los vieras hablando en plan cateto y con una boina, como puede ser el caso "Matamoros", no dirías nada... pero gracias a la conducción del progre-capitalista Sardá... los debates van a lo que importa: la nada, un argumento irrebatible capaz de generar ingentes beneficios. Los efectos secundarios suelen ser casos como éste, en el que una personalidad "no demasiado madura" (por llamarlo de alguna manera) pueda acabar siendo una leyenda para un circo mediático. Y si muere en circunstancias dudosas, se la llamará mito. A alguien que no ha hecho nada (si excluímos su propio mundillo, claro). A la mierda los investigadores que se matan por crear curas para enfermedades, a la mierda los economistas que intentan descubrir nuevos modelos económicos, a la mierda los físicos, a la mierda los voluntarios que se desviven en ONGs intentando ayudar a los demás. A la mierda todos los que aporten algo digno del puro sudor de su frente y/o sufrimiento de sus neuronas.

Por su parte, la gente cansada de su rutina particular (pongamos... todo aquel que trabaja 40 horas semanales) acaba viendo lo que más fácilmente entra en la cabeza. En este caso, Crónicas... olvidándose por completo de toda esa gente a la que acabo de mandar a la mierda. Qué injusta es la vida. Qué mala es la sociedad, que ayuda a mantener a esta camada de inútiles sociales. Si no hubiera sido por el apoyo de las personas a esos circos, probablemente esa persona estaría aún viva. Qué asco de mundo.

PUES NO. La gente tiene derecho a ser feliz, y en su defecto, a ver lo que más la relaje de una terrible realidad. ¿Qué vas a hacer con una persona que ha trabajado ocho horas diarias? ¿Ponerla a ver los documentales INFORMATIVOS TV? ¿Leer? ¿Oír la radio? A mi modo de ver, la gente acabaría buscando otras alternativas más... comerciales. No hay nada de malo en ello, es algo totalmente natural el que las personas quieran eludir el sufrimiento ajeno cuando se está cansado de todo. Y si no existiera, se inventaría. Al final, los necesitaríamos, de un modo o de otro. La cocaína es un efecto secundario de todo circo, véase para más datos el caso Maradona o Pantani.

Por lo tanto, no cabe otra posibilidad que aceptar lo que tenemos ahora: un banco de merluzos dedicados a edulcorarnos la existencia con sus pútridas paridas hasta que... el circo reviente por sí mismo, la gente descubra el placer de la lectura o... se cambie el sistema educativo. Esto en Europa no pasa. Se admiten propuestas. Mientras tanto, seguirán vigentes las frases de Groucho Marx: He salido de la nada para alcanzar las más altas cotas de miseria, llegó a decir. Ella llegó a lo más alto, no cabe la menor duda. Con todo, y sin referirme a la cocaína, su miseria es la nuestra. ¡Disfrutémosla!

Sobre esta entrada

Esta página contiene una sola entrada realizada por Manolo Millón y publicada el 26 de Julio 2004 12:00 AM.

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