El experimento de Yale (o de Milgram, mejor dicho)

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Este lunes por la noche hice algo raro para mí: ver la televisión. Reconozco que no le dedico demasiado tiempo, lo cual limita mucho mi vida social (¿de qué si no voy a hablar con la gente?). Y ese tiempo se lo dediqué a CSI, la serie de investigación de T5. El segundo está dedicado a CSI Miami, donde el protagonista principal es David Caruso, y hace de jefe de un grupo de forenses de la policía de Miami. En este caso no me voy a meter con su patética costumbre de usar las gafas de sol de manera totalmente aleatoria, independientemente del efecto del sol (probablemente para ligar con una compañera o hacerse el interesante), sino con uno de sus comentarios que me hizo sangrar la úlcera del estómago...

Estaba interrogando a un alumno sobre las palizas que recibió de sus compañeros por ordenes de un profesor de Universidad (que estaba muy ido de la pinza, es realmente increible que una Universidad no se percate de que tiene dementes de ese tipo bajo su sueldo) y si esa podía ser una razón para que después se vengara, y comenta el investigador Caruso...

-...como en los experimentos de Stanford. (sic)

Y se equivocó...

En experimento de Stanford no se ordenaba directamente que se torturaba a nadie. Este detalle es muy significativo. No es lo mismo una consecuencia derivada de una situación (recordemos que en el experimento de prisiones de Stanford se pedía a los sujetos que se comportaran en función de un rol elegido por sorteo y que se actuara en consecuencia) que una orden directa (es decir, tú vas a hacer esto porque te lo ordeno). Y esa orden directa sí se daba en el Experimento de Milgram, llevado a cabo por Stanley Milgram en la Universidad de Yale.
En este experimento, se llegó a conseguir que sujetos normales, bajo la excusa de obedecer a la autoridad, llegaran a torturar a personas hasta límites en los que se pensaba que sólo podían llegar las mentes más despiadadas o psicopáticas. Afortunadamente el torturado era un actor que simulaba recibir descargas eléctricas, no lo habría podido contar si fueran de verdad (ni él ni el 63% de los actores que actuaran, este fue el porcentaje de personas que llegaron a los 450 voltios, y eso que a los 300 los actores fingían no dar señales de vida). La muestra sí fue amplia para este caso, así como las condiciones por las que pasaron los experimentadores (variables como el contacto con el torturado, el número de experimentadores,...)

Como ejemplo práctico, la conducta de los militares americanos torturadores de la prisión iraquí se puede explicar desde la psicología en función de las órdenes dadas. Si no se dieron órdenes explícitas, por el experimento de la prisión de Stanford, y si se dieron órdenes, por Milgram.

Conclusión: no volveré a ver la televisión. Sólo me da disgustos.

Sobre esta entrada

Esta página contiene una sola entrada realizada por Manolo Millón y publicada el 20 de Mayo 2004 12:00 AM.

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