A todos nos parece bien la publicación de viñetas que podrían ser ofensivas al Islam. Yo, personalmente, defiendo su publicación, basándose en el derecho que entiendo que tiene cada cual de decir lo que le dé la gana (*), por muy aberrante que pueda parecer e incluso sea lo que se dice. Estimo que defiendo una libertad, no a unos miserables.
En muchos países de Europa sigue siendo un delito tener un ejemplar del Mein Kampf o negar el Holocausto. En Austria se está llevando a cabo un juício contra David Irving, un presunto tarado impresentable que presuntamente va por ahí negando el Holocauso y haciendo apología del nazismo.
No sé si tener un ejemplar del Mein Kampf puede ser aberrante. Probablemente, una vez leído, quemaría el ejemplar o le haría una perrería similar (es mi propiedad, a fin de cuentas). Por lo tanto, creo que no tiene sentido tal censura. Y tres cuartos de lo mismo con el Holocausto. A mí me da igual que un iluminado lo niegue: es uno de los genocidios mejor documentados de la historia. Cualquier persona con un mínimo de conocimiento no dudará en ignorar al cretino que vaya soltando semejantes sandeces, y las bobadas esgrimidas por los neonazis serán ignoradas.
Era comprensible en el pasado la existencia de leyes como esa, pero hoy en día pueden suponer la excusa perfecta para que nuestras libertades sean atacadas. Por ejemplo, viñetas ofensivas para alguien, con la bienintencionada actuación del gobierno, pueden suponer una restricción en nuestras libertades, como parece ser que algún político no poco importante tiene algún interes especial.
No me cabe la menor duda de que habrá alguien que me tilde de nazi, pero esto es algo que yo mismo me tengo que tragar. No puedo pedir la censura para quien, a mi parecer, es uno de los mayores imrpresentables de este país: Pío Moa.
(*) La única excepción que hago es la de la acusación de delitos que después resultan no probados.
