Ed. Crítica, 1999. Trad. Joandomènec Ros.
Tit. Original: Wonderful life: The Burguess Shale and the nature of History, 1989. 357 pág.
Del origen y el concepto de la vida.
Esta fue una recomendación que me hizo mi añorado dentista Frigolín, del que, junto con su hermano, tengo pendiente una borrachera... La verdad es que es el único modo que se me ocurre de devolverle el favor que hizo... Eso, o invitarle a una orgía con actrices porno, cosa que me saldría demasiado cara pero en la que creo que merecería la pena participar...
Estamos ante una verdadera obra maestra de la divulgación de la ciencia, hecho por uno de los paleontólogos más importantes de todos los tiempos: Stephen Jay Gould.
El texto es un paseo por uno de los mayores descubrimientos en el campo de la paleontología de los últimos tiempos, pero también es una reflexión sobre cómo debemos mirar aquello que estudiamos. Comienza repasando nuestras concepciones de la evolución de la vida, de cómo viejas y falsadas creencias (y no necesariamente religiosas) siguen dentro de la conciencia de las personas, para comenzar a reargumentar cómo, para él, es la evolución. Y para ello se va a uno de los hallazgos más impresionantes del siglo XX: los fósiles de de Burgess Shale, una cantera del Cámbrico (300 millones de años de antigüedad) en las montañas de la Columbia Británica, en Canadá.
El primer responsable de estudiar estos fósiles fue Charles Doolittle Walcott, quien hizo hallazgos muy importantes, pero quien también cometió errores muy significativos que fueron revisados 50 años después, con hallazgos realmente sorprendentes llevados a cabo por Harry Whittington y sus colaboradores Simon Conway Morris y Dereck Briggs. Pero la principal diferencia no estaba en el número, en las cualidades individuales, o en las técnicas, sino en la perspectiva en la que se observaban los fenómenos. Para Walcott, creyente irreductible, la evolución tenía que ser siempre a mejor, es decir, que las especies anteriores son peores que las superiores hasta llegar a la creación superior: el hombre. Esta creencia llevó a Walcott a una serie de errores que impidieron llevar a cabo descubrimientos mayores de los que ya de por sí hizo. Tuvo que ser, primero Whittington, y después sus colaboradores, quienes llevaran a cabo la revisión de estos fósiles.
Una historia apasionante que resultaría infumable de leer si no lo hubiese escrito la pluma de alguien con una verdadera capacidad intelectual, así como un interés por divulgar conocimiento para llegar a mostrarnos qué ocurre. Resultaría imposible para, pongamos, un Hayek hablar de algo con nombres tan infumables como anomalocaris, sydneia u ottoia en una historia como la de Walcott o Whittington y llegar a ser tan ameno y, a veces, tan divertido, como Stephen Jay Gould. Valor doble.
Escuchando: Rayando el sol. Maná.
