
Querida utopía de Neruda:
Te recuerdo desde que soy oyente de la SER... y lo soy desde hace bastantes años. Que yo recuerde, tu línea argumental ha sido bastante similar. Eras de izquierdas y muy poco has evolucionado desde que te conozco. Amante de causas indudablemente nobles y justas, como pueden ser los malos tratos a las mujeres... o tu defensa de la prioridad de los niños en los casos de divorcio... o tu lucha por los más desfavorecidos... Y bien que me parece. Pero cuando hablas de economía, aroma de los jardines del César instalada en la corteza sensorial de mi mente... querida de mi alma y de mi corazón... es que no tienes ni idea de las tonterías que puedes llegar a espetar, lo cual es preocupante en alguien al que le pagan un sueldo por dar su opinión.
¿A qué me refiero? Por poner un ejemplo, a tu tristemente reiterada filosofía de "pon un impuesto en tu vida y ayuda a los demás", típico y erroneo argumento progre para establecer una diferencia moral entre lo bueno (pagar impuestos) y lo malo (no pagarlos). Una de tus joyas que ilustran tu desconocimiento sobre el tema fue cuando, durante el programa de Iñaki Gabilondo soltaste alegremente la consigna de que había que ser solidario con las víctimas del terremoto del Sudeste asiático, y que para ello el Estado debía imponer un impuesto específico, alegando que los ciudadanos eramos poco solidarios. Creo que no tuviste en cuenta que un año antes hubo un terremoto en Bam, Irán, ciudad que quedó prácticamente destruída y a quienes en aquel momento, los gobiernos prometieron 115 millones de dólares, de los que finalmente sólo llegaron diecisiete. Y si los problemas que han generado que este dinero no llegue a su destino se mantienen constante, ¿cómo puedes pedir que la gente vuelva a reincidir en el error? ¿No pasará lo mismo que la última vez? Menos mal que la ONU sólo había demandado 33... que si hubieran llegado a necesitar más... Al margen de preguntarme qué habrá pasado con ese dinero restante, permíteme que te pregunte: ¿Cómo me puedes pedir que pague un impuesto que ha de ser recaudado y dirigido por unas personas que no hacen lo que prometen en los casos más excepcionales y duros, como puede ser una catástrofe natural?
Pero es que lo de ayer, en Hora 25, no tuvo nombre. Tu belleza de ángel no podría cerrar el infierno que se abrió por tu boca. Te quedaste tan pancha cuando dijiste que "pagar impuestos era solidario". Pues no, querida. Los impuestos suelen usarse para verdaderas barbaridades, ya sea para agricultores que reciben ayudas por vacas, ya sea para pagar televisiones públicas ineficaces y cargadas de deudas, ya sea para mantener puestos de trabajo improductivos (véase trabajadores de Izar), ya sea por mantener a unos políticos que ni siquiera tienen que pensar lo que votan (se lo dice su partido)... la lista es larga. A parte de ser, en muchos casos, los responsables del empeoramiento de la situación de los ciudadanos a los que afirma defender. Pero lo peor no es eso. Lo peor es la pérdida del significado "solidaridad". Los impuestos serán necesarios (policía, justicia...), pero en ningún caso son solidarios. Muy al contrario. El impuesto viene impuesto (valga la redundancia) por la coacción: si no pagas, te meto en la cárcel. Poco solidario es el Estado con las personas que, por sus necesidades económicas, tenderían a evadir impuestos (es decir, a quedarse con el fruto del sudor de su frente). Para que te hagas una idea, según la CEACCU, una asociación de consumidores, en 2003 el 59% de la población tenía problemas para llegar a fin de mes. ¿Por qué no pide que el Estado sea, no solidario, sino respetuoso con el dinero que tanto cuesta conseguir a los ciudadanos? Pues venga, ese 59% de la población a pagar más impuestos... en nombre de la solidaridad.
La solidaridad sí debe ser un valor de los ciudadanos, pero ha de ser voluntario, no obligatorio bajo amenaza de encarcelamiento. Como ventajas a lo voluntario, destacar que los usuarios están directamente implicados en vigilar que su dinero sea invertido del modo correcto,pueden decir cuanto invierten en función de sus circunstancias personales... y si son unos caraduras, retirar nuestra confianza y nuestro dinero. Además, el paso entre ciudadano y ONG puede ahorrarse el dinero que cobra el intermediario (político/burócrata). Puede que no sea un modelo perfecto, pero por lo menos no es coactivo, y consigue que las personas sean más solidarias por sí mismas, ya que las responsabiliza de lo que pueda pasar. La gente es mucho más generosa de lo que la izquierda imagina, hay pruebas con el Prestige, con el huracán Mitch, con Bam, con el Sudeste asiático y con lo que se le eche. No es necesario amenazarla para que ayuden a los más necesitados.
María Esperanza, decir que pagar impuestos es un acto de solidaridad es argumento demagógico y erroneo. Muy al contrario, es un acto de arrogancaia por parte de un gobernante que cree saber mejor que los propios ciudadanos cómo ayudar a otras personas, previo pago de su sueldo, por supuesto. Y creer que sólo los impuestos son solidaridad es una idea de la izquierda ya varias veces refutada y sobre la que te gusta incidir tanto. Más bien es la típica creencia de la izquierda de que lo que hace el Estado es solidario y bueno por naturaleza mientras que la iniciativa privada es mala y egoísta, algo que roza la mofa.
Aquí, y ahora que nadie nos lee, te recomiendo que leas algo de economía liberal. Más que nada porque la economía NO es una cuestión de fe o ideología, sino de ciencia. Lo que no se puede hacer es olvidarte de las leyes de la economía, como tampoco se pueden olvidar las leyes de la física para construír metros, y después pasa lo que pasa. Hay muchas cosas por ahí, como el "Economía liberal para no economistas y no liberales" de Xavier Sala i Martín... o el "A pesar del gobierno" de Carlos Rodríguez Braun. Son libros de divulgación, escritos por gente que sabe de lo que habla: economistas. Además, siempre es bueno olvidarse del último Premio Planeta. Si quieres, hacemos un pacto. Tú dejas de decir idioteces sobre cosas que no sabes (por ejemplo, economía) y yo dejo de escribirte cartas de amor (que, a fin de cuentas, tampoco se me da bien).
Una leve caricia.
Firmado: Tu neoliberal admirador secreto.
