"Correspondiendo a la similitud fundamental de los objetivos propuestos, los métodos son también iguales en el mundo entero y, por su medio, los diversos stablishments pretenden hacer de los respectivos súbditos representantes del american way of life, funcionarios ideales, hombres soviéticos ideales o cualquiera otra cosa ideal. Nosotros ya desconocemos hasta qué punto se dejan manipular presuntamente los hombres occidentales civilizados por las decisiones comerciales del gran fabricante. Si vamos a la Repúlbica Democrática Alemana o a la Unión Soviética, nos asombrarán las innumerables pancartas rojas con los consabidos lemas que mediante su omnipresencia surten efectos profundos y sugestivos, tal como las babling machines (máquinas parlantes) de Aldous Huxley, que murmuran sin interrupción, con machacona insistencia, los dogmas propagandísticos. Por el contrario, encontramos agradable la ausencia de anuncios luminosos y sobre todo de lujo. Allí no se desecha nada de lo que sea utilizable; el papel del periódico se emplea para empaquetar las compras, y se atiende con amor a los viejos automóviles. Entonces se precibe poco a poco que la gran publicidad de los fabricantes no es ni mucho menos de naturaleza apolítica, sino que -mutatis mutandi- desempeña la misma función que las pancartas del Este. Uno puede opinar de modo diferente si se le dice que todo cuanto pregonan esos letreros rojos es estúpido y nocivo. Pero sin duda el desechar mercancías usadas pro culpa de la publicidad apenas usadas por culpa de la publicidad con su ímpetu arrollador de producción y consumo es demostrablemente tan estúpido como nocivo... en el sentido ético de estas palabras. Ante el constante desarraigo de la artesanía, inerme frente a la gran capacidad competidora, la industria, y ante la incapacidad para sobrevivir de los modestos empresarios, incluídos los labradores, nos vemos obligados sencillamente en nuestra existencia a acatar los deseos del gran fabricante, es decir engullir los alimentos y ponernos la indumentario que él estima convenientes para nosotros, y lo peor es que, en virtud del condicionamiento, nos pasa inadvertida esa maniobra." (páginas 102-103)
Ya...
Supongo que por aquellos lares "demócratas" el "empecinamiento" no era delito... y que los carteles se ponen para difundir las supuestas virtudes de un sistema... no por publicitar un negocio... o que allí conserbavan los coches lo más que podían por amor a los coches antiguos y peores, no porque fuera dificilísmo comprarse otro... o que debemos comprar los productos de los productos más caros o de menor calidad sólo por salvar a una pequeña empresa (a la grande, por ser grande, que la den)...
Ya...
