
Ya hemos visto los antecedentes del liberalismo, así como al precursor y al primer liberal. Ahora pasaremos a estudiar de modo más detallado cada uno de los núcleos que la componen: el moral, el político y el ecónomico.
Voy a hablar primero de David Hume porque es a partir de la crítica que efectúa del iusnaturalismo y, por ende, del derecho natural, a partir de la cual comienza a formarse la idea del utilitarismo (creada por Jeremy Bentham y perfeccionada con John Stuart Mill)... y conformándose como una influencia filosófica reconocida de Immanuel Kant.
Hume es uno de esos grandes filósofos de la ciencia que hay que unir a Occam, Bacon o Locke (perdón por los que omito). Cuando hablando de Locke, comentaba que este autor consideraba que el ser humano tenía una serie de derechos fundamentales otorgados por Dios y reconocidos por el Estado (derechos naturales), en el fondo estaba hablando de una corriente denominada iusnaturalismo. En el fondo, el iusnaturalismo no dejaba de ser una explicación religiosa de porqué el hombre tenía unos derechos... y esto no le gustaba demasiado a nuestro buen amigo escocés. A su modo de ver, la religión no es ciencia, sino sentimiento, considerando además las ideas aportadas como indemostrables, por lo que su capacidad para explicar los fenómenos humanos y de la naturaleza no puede ser válido: es falso. Por lo tanto, el derecho natural (dado que Dios no tenía por costumbre presentarse a los tribunales científicos para dar explicaciones) se va a freír pimientos... Lo único que puede justificar la existencia de esos derechos es la utilidad para la convivencia de los individuos.
Tengo pendiente la lectura de "El hombre, la economía y el Estado" de Murray Newton Rothbard... pero ya les informo de que esta es una de las razones por las cuales estimo el derecho natural como algo similar al psicoanálisis: dar por supuestos unos hechos y, a partir de ahí, teorizar hasta la extenuación... lo que no quita, por otra parte, que si un Estado cogiera los derechos naturales y los estimára como válidos, estos fueran malos: muy al contrario.
Finalmente, me permito remarcar el ejemplo de este gran filósofo defensor del empirismo, quien no se dedicó a dar explicaciones marcadas por lo que decía la cultura imperante de su época sino hallando relaciones observables entre los hechos... Si levantara la cabeza y se fijara en algún que otro magufo, se echaría a llorar.
